domingo, 17 de marzo de 2013

El triángulo argentino




Repasando la Historia de la Iglesia Católica, seguramente ninguno de nosotros recordamos cuándo fue la última vez que un Papa renunció a su Pontificado.
Benedicto XVI, harto del mangoneo de Bertone y sus secuaces, se vio incapaz de poner orden y concierto muros adentro de la Plaza de San Pedro. Decidió, en un gesto histórico, dar un paso atrás y desaparecer de escena. Era evidente. Su frágil salud y su falta de fortaleza le impidieron sacudir el polvo y el logo que los muchachos de Bertone tanto habían enfangado el Vaticano.
A simple vista el italiano se frotaba las manos creyendo que con la renuncia de Ratinzger, aparecería otro similar a él al que poder manejar, controlar y dirigir desde las sombras más vomitivas de la curia vaticana.  Pero le salió rana la jugada al de Turin. Cuando en la tarde del miércoles, la chimenea vaticana expulsaba el humo blanco, todo indicaba que aquella humareda era la señal de que algo iba a empezar a cambiar en la Iglesia.
Para empezar, salió elegido alguien que no estaba en las quinielas. Para seguir, era latinoamericano. Para continuar, se inclina ante la multitud que abarrotaba la Plaza de San Pedro. Para terminar, se hace llamar Francisco (así, a secas), una señal inequívoca de pobreza y humildad. No me cabe ninguna duda de que esto ha desconcertado a los ‘fontaneros’ más correosos y decrépitos que mangonean puertas adentro de la Basílica romana de San Pedro. Sin esperarlo, se tropiezan con alguien que, en su primera imagen pública, ofrece un cambio total de escena: sin zapatos rojos, sin esclavina y con una naturalidad desbordante se presenta en el balcón principal de San Pedro. A muchos, estoy seguro que les ha desconcertado, y andarán a la expectativa. A otros, por el contrario, nos ha hecho respirar hondo, y pensar que, por fin, en el seno de la Iglesia, se vislumbra un nuevo amanecer, cercano a los más pobres y alejado de las riquezas y tesoros que tanto ha gustado a la fontanería vaticana durante décadas.
Hay quién empieza a murmurar de forma maledicente que si el Papa Bergoglio fue cómplice de la dictadura argentina, que si no sé qué, que si no sé cuántas… ¡Bah, palabrerías baratas!
Esto tiene otra lectura mucho más importante y trascendental en un momento histórico como el presente. Estamos ante un Papa que está rompiendo moldes dentro del Vaticano: en persona acude a recoger sus enseres personales y abona con su dinero la factura de su estancia en la residencia en la que se alojó durante el cónclave; rehúsa la utilización de la limusina para sus desplazamientos; insta al episcopado argentino a que no viajen a Roma para asistir a la misa de comienzo de su pontificado para que el dinero que fueran a invertir en ese viaje se lo donen a los bonaerenses más necesitados. Un radical cambio de escena al que no estábamos acostumbrados.
Desde el pasado miércoles lo he visto por televisión en varias ocasiones. Y siempre he tenido la misma sensación: es un hombre humilde, austero, y próximo a los católicos. Algo que era también imprescindible en la Iglesia del siglo XXI. Algo también a lo que no estábamos acostumbrados.
Lógicamente habrá que esperar a los primeros cien días, pero lo cierto es que todo apunta en esta dirección. Tenemos que estar preparados porque los cambios de escenario serán continuos. Quiero pensar que esta simbología es el inicio de nueva era dentro de la Iglesia: La despedida que realizó al mundo desde el balcón del Vaticano en su primera aparición, con ese «Buenas noches y buen descanso» fue una verdadera declaración de intenciones de las que el mundo iba a empaparse en adelante.
En adelante tengo la sensación de que Bertone y su maquivélica maquinaria vaticana tienen poco que hacer. Como apunta la prensa internacional, ‘provisionalmente’ Bergoglio lo mantiene como Secretario de Estado. Tirando de sentido común, supongo que será durante unos días hasta que se celebre la misa de inicio del pontificado, y haya podido encontrar a alguien de su confianza.
Anoche en el programa de Telecinco ‘El Gran Debate’, la tuitera Sor Lucia Caram también habló con rotundidad de su compatriota Bergoglio, como siempre, sin pelos en la lengua. Otro símbolo de que la Iglesia empieza a cambiar.
Será lento, por supuesto, pero estos primeros pasos son un aliento, una esperanza en medio de una curia vaticana abrazada a los mangoneos de una serie de personas que, bajo la pancarta del cristianismo, creían que el ‘todo vale’ era lícito. Pero les salió muy mal la jugada.
La simbiosis argentina Bergoglio - Lucia Caram es una demostración de que estamos asistiendo al inicio de una transformación de la Iglesia, en dónde lo prioritario será el individuo y lo secundario, lo material. Un cambio en escena que nadie esperábamos. Personalmente, yo tampoco. A esta simbiosis sólo le falta transformarse en un triunvirato argentino. ¿Quién es el tercero? Leo Messi, sin duda. ¿Alguien lo duda?

domingo, 10 de marzo de 2013

Adiós al Presidente Eiroa



Regreso a este espacio tras varias semanas de ausencia, que no de silencio. Y lo hago abrazado a una extraña sensación de nostalgia, recuerdos, y vivencias.
Ha muerto Emilio Eiroa, el que fuera Presidente del Gobierno de Aragón durante los años 1991 y 1993.
Le conocí de cerca, y compartí con él varios momentos y situaciones, incluida aquella fatídica, inapropiada, y barriobajera moción de censura que aupó al sociata Pepe Marco al despacho oval del Edificio Pignatelli. Las heridas de aquel navajazo le perduraron en el tiempo, aunque no lo demostrase.
Siempre me pareció alguien imprescindible en la historia de Aragón. Un aragonés de adopción y asturiano de origen, que enarboló la complicada bandera del consenso, del diálogo, y de la honestidad. Valores que hoy en día desconoce la facinerosa clase política que nos desgobierna.
Emilio Eiroa fue claro y transparente. Honesto, trabajador, incansable, serio y, sobre todo, un político que entendía lo que significaba la política con mayúsculas, siempre alejada de personalismos ególatras y burdos. Su objetivo: el bien común; su fin: Aragón.
En aquella época muchos fuimos sus votantes convencidos porque Eiroa (como popularmente se le llamaba) convencía con hechos, y después venían las palabras. Era una persona de una extraordinaria calidad humana que la anteponía a su condición política.
Recuerdo algunos actos  a los que asistió organizado desde su Consejería de Sanidad, Bienestar Social y Trabajo, de la que yo era miembro del Gabinete de su Consejero, en el que demostró su forma de ser por encima de su representación institucional. Por ejemplo…
Fue alguien insustituible en la historia más reciente de Aragón, por esta tierra, recia y noble,   trabajó incondicionalmente, a pesar de que este esfuerzo le supusiera golpes y vapuleos de dentro y fuera de su Gobierno. Acabo de ver un video de la capilla ardiente, y otro ex Presidente, el oscense Santiago Marraco decía que Aragón había maltratado a Emilio Eiroa. Totalmente de acuerdo.
La actual autonomía aragonesa le debe muchísimo a Emilio Eiroa. Demasiado. En una época tan convulsa como en la que le tocó gobernar, cimentó los pilares básicos sobre los que se iría construyendo el Aragón de hoy. Importante recordatorio.
Hoy, ahora, tengo una extraña sensación de nostalgia, recuerdos, y vivencias. Una época decisiva para el Aragón, que no se entendería sin la figura insustituible de Emilio Eiroa. Hasta siempre, Presidente.

lunes, 11 de febrero de 2013

NARRACIÓN DE UNA FECHORÍA



Mi mujer y yo somos de las personas que tenemos el privilegio de decir que en adelante podremos celebrar dos cumpleaños: el día que nacimos, y el que renacimos tras un accidente de tráfico.
            El pasado domingo día 3 circulábamos por la A8 en dirección al Aeropuerto de Asturias. Al pasar la salida de Avilés, inicio la maniobra de un adelantamiento a un vehículo Ford Mondeo de color gris. Cuando comienzo el adelantamiento, sin apenas sobrepasar su parachoques trasero, el vehículo, como una exalación, se cerró en diagonal hacía nosotros, echándonos del carril izquierdo de la vía hacía la mediana de la autovía. Afortunadamente pude frenar lo suficiente para que el impacto fuera lo más liviano posible; aun así, su aleta trasera izquierda salió despedida al aire cayendo en la propia mediana. Como un autómata, él regresó al carril derecho, y nosotros, presa de pánico y del susto, hicimos lo propio, sin detener el vehículo, y aliviados porque los tres vehículos que venían detrás de nosotros lograron frenar a tiempo y evitar un choque de consecuencias incalculables. En un principio, pensamos que esa maniobra había sido fruto del sueño. Pero en pocos segundos, comprobamos que el conductor iba totalmente ebrio dado que circulaba de lado a lado de la vía; tan pronto se golpeaba con el quitamiedos del lado derecho como repetía la hazaña que originó la colisión con nuestro vehículo.
            Como es lógico, de inmediato pusimos los hechos en conocimiento de la Guardia Civil de Tráfico, que nos recomendó que no lo adelantáramos, y que si no estábamos lesionados, que continuásemos nuestro trayecto y que en unos minutos volverían a contactar con nosotros.
            Ya en el aeropuerto, la Guardia Civil nos avisó que venían a nuestro encuentro para llevar a cabo el atestado correspondiente. Cuando llegaron, y vieron el estado en que quedó nuestro vehículo nos felicitaron por estar vivos y apenas tener lesiones leves. El conductor del otro vehículo, que consiguieron detenerlo más allá de Cudillero, circulaba sin seguro, sin carnet de conducir, y con una tasa de alcohol en sangre que superaba con creces lo establecido. Parece ser que la Policía Local de Avilés lo andaba buscando también porque ya la había liado en el propio casco urbano de la villa del Adelantado.
            Hicimos el atestado correspondiente, y, dado que mi mujer, se quejaba de dolor cervical y de columna, acudimos al Servicio de Urgencias del Hospital de Jove para que valorasen las posibles lesiones. Afortunadamente llevar un coche grande y potente es una garantía en situaciones como ésta.
            De todo este suceso, hay un hecho que tanto a ella como a mí nos enerva. Si el accidente ocurrió en torno a las 16,00 horas, cuando el equipo de Atestados llevo al aeropuerto serían en torno a las 17,15 más o menos. A esas horas, el individuo estaba ya en libertad con cargos por conducción temeraria. Esto es indignante. No culpabilizo a la Guardia Civil que bastante tiene. La responsabilidad la tienen que asumir otros: quienes legislan de manera tan absurda. ¿Por qué nos  permitirnos el lujo de que se trate con benevolencia este tipo de fechorías? Lo lógico es que ese individuo hubiese pasado a disposición judicial, y estuviera un tiempo a buen recaudo. ¿Quién asegura al legislador que ese tipo de vuelta a casa no va a repetir su gesta? No es serio. De igual forma que tampoco es serio el hecho de que, al no tener seguro, nuestra compañía (y nosotros personalmente por derivación), tengamos todos los problemas del mundo para que se indemnice los daños materiales y, lo que no tiene ni perdón ni escusa, los daños físicos.
            Insisto: Somos afortunados, pero mientras a ese tipo (y a otros como él) no se le ponga en su sitio, estamos en una sociedad débil y, lo peor, amparada en un Estado de Derecho que se alza sobre unos cimientos de arena. Muchas cosas fracasan en nuestra sociedad. Demasiadas.

viernes, 1 de febrero de 2013

Un coctel de desconfianza y rabia



Ayer no estuve en el dique seco. Al contrario, estuve atento a todas las noticias que se generaban en torno al tan manoseado, decrépito y arrebujado caso de corrupción del Partido Popular.
La situación está al rojo vivo, a pesar de la vicepresidenta, Santa Soroya, califique de intachable la actitud de su actual jefe de filas, nuestro supuesto Presidente del Gobierno. Sí, digo supuesto, y me reafirmo. Este señor es supuesto Presidente porque actualmente carece de la credibilidad y de la  confianza de los ciudadanos. Mientras estos aderezos no cuezan en una misma olla y destilen un caldo diferente. Este buen señor es, sencillamente, el hazmerreír de propios y extraños. Y encima, calla. Más grave siquiera.
Hay algo evidente. Este asunto se les ha ido de las manos, y la primera deflagración ha explotado en el quicio de la puerta de la calle Génova y del Paseo del Prado. De momento, las heces salpican al cuartel general del partido y al Ministerio de Sanidad. Pero esto es sólo el principio. Ver, veremos.
Pero aún resulta más inaudito, y carece de todo sentido común que continueen pidiendo austeridad, y el propio Rajoy no haya dado la cara públicamente. No sirve su comparecencia ante el Comité Federal. La soberanía del pueblo español está en el parlamento. Es ahí el lugar en el que debe comparecer, y anunciar alto, claro y rotundo si también él está enfangado. Mientras no dé ese paso,  todas las dudas recaen sobre su persona, la credibilidad del Gobierno está aún infinitamente más devaluada de lo que se creen. Nunca jamás en toda la historia de la transición, un Presidente tuvo tan poca credibilidad como el actual, nunca ninguno de ello disfrutó de tan poca simpatía entre la ciudadanía, que nos sentímos humillados, engañados y burlados por nuestra clase política. Con esta cimentación tan poco segura, el edificio se tambalea como hoja que lleva el viento. Un gobierno debe gozar de la credibilidad y de la confianza de los ciudadanos, y cuando éstas se pulverizan como las gotas del oceáno, por ética, por decencia y por humildad lo más prudente es reconocer los errores, dar un paso atrás, y dar paso a que otros agarren el timón de la embarcación. Pero aquí no. Nos creemos por encima del bien y del mal, y nos vamos a descansar a Baqueira Beret, y en Madrid dejamos el ventilador puesto para que, desde Londrés, Federico Trillo diga que el caso Gürtel es una maniobra de la “policía política de Rubalcaba” para desprestigiar al Partido Popular. Ni él mismo se lo cree. Y encima tienen la desfachatez de hablar de policía política.
Pero la gente es de carne y hueso, y tiene sentimientos, y tienen su ética. Y desde ética, hoy dos concejales han cerrado por fuera la puerta del partido. En Asturias y en el País Vasco. Viendo cómo baja la riada de lozadal, fango y lodos, me temó que no serán los únicos.
Pero lo peor de todo, es que este chapapote indecente ha reventado en medio de la principal feria internacional española. En FITUR: unas cita anual que convoca a empresarios del sector, posibles clientes, profesionales y público en general. ¿Alguien, en Génova se habrá detenido a pensar que imagen de España estamos exportando actualmente? Es lo más grave de esta indecencia. En un momento álgido, que necesitamos más que nunca que los mercados confíen en la economía española, explota el mayor caso de corrupción política que jamás se dio de los Pirineos hacía el sur. Una imagen bucólica de nuestro Gobierno. Así nos va.
Hemos tocado techo. El Fiscal General no se anduvo con medias tintas. Los ciudadanos estamos más que hartos, y necesitamos una respuesta contundente, severa, y rigurosa por parte del Poder Judicial antes quienes son capaces de saquear sin compasión. No quisiera estar dentro de la piel de Mariano Rajoy. Tampoco de Alfredo Pérez Rubalcaba. De ninguno. La situación es más que difícil. Y urge que alguien de un giro de timón, y ponga a cada uno en su sitio. Como decía hace unos minutos Miguel Ángel Revilla, con los grilletes puestos. Le aplaudo.

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