sábado, 20 de diciembre de 2008

El criminal y la novela negra

“Primero era un grito solo en mitad de la noche
y después más gritos y más gritos
y después un silencio…”.

Ernesto Cardenal

Hace unos días me decía un prestigioso forense español que en España actualmente sólo vende lo rosa y lo negro. Y no va desencaminado porque el auge que tiene la novela negra en la actualidad es tremendo.

El cainita que mata a su hermano siempre ha despertado especial atracción y curiosidad del por qué de su comportamiento. Ello siempre quedó reflejado en la novela negra, escenario perfecto para la representación teatral, pero real a la vez, de las pasiones y sinrazones más oscuras del ser humano.

Al describir un criminal conviene realizar con una extraordinaria precisión todos sus rasgos psicobiograficos. Ello permitirá al lector conocer cómo era y quién era el sujeto en cuestión.

Es importante conocer nuestra historia más reciente y más pretérita, pero resultaría inacabada si desconociéramos la historia del crimen y del criminal, de cómo es nuestra sociedad asesina, de nuestras ofrendas y nuestros demonios tan maravillosamente reflejados en la novela negra. La irrupción de los psicópatas criminales en este género no deja de resultar altamente seductor a la vez que morboso.

Conviene, pues, utilizar una prosa ágil y fácil, alejada por completo de barroquismos y riquezas que no nos llevarán a ninguna parte. En la novela negra es de gran interes acercar los criminales al lector, y hacerlo con ternura y facilidad, describiendo sus vidas y sus historias personales. Sólo así llegaremos a conocer y a valorar psicopatológicamente sus conductas y el por qué de sus actos.

Por ello, en la novela negra es importante que predominen criterios científicos y psiquiátricos. Dentro y fuera de este género literario, conviene acercarse al crimen de forma científica, cargada de humanismo no para castigar, sino para prevenir. Ello nos llevará a entender que el crimen, la agresividad y la violencia están en la propia esencia del hombre y de sus demonios. Luis Rojas Marcos señala que el hombre necesita la agresividad para vivir. La novela negra no puede ni debe escapar a esta realidad.

Cualquier obra de este género que sea de calidad debe reunir, entre sus ingredientes imprescindibles, la intriga como motor de la historia. Se va del quién al cómo. Se debe arrastrar al lector, de la mano, página a página, hasta el desenlace final. Sin respiro. La acción es imprescindible. Según se desmenuza la historia, la acción trepidante debe conducirnos inexorablemente a resolver los enigmas y rompecabezas hasta desentrañar el caso. Como acabamos de ver, el crimen siempre está presente; es decir, en la novela siempre se dibujan las cloacas del planeta con su indigencia, con toda su paupérrima existencia y su atormentada vida. En este sentido, la psicología de los personajes, especialmente de sus protagonistas, es vital a la hora de contar una buena historia negra.

Dentro y fuera de nuestras fronteras no carecemos de héroes. Al contrario. Petra Delicado (Alicia Giménez-Bartlett), Carvalho (Manuel Vázquez Montalbán), Kurt Wallander (Henning Mankell), Guido Brunetti (Donna Leon), Martina de Santo (Juan Bolea), Kay Scarpetta (Patricia Cornwell), y otros cuya lista seria interminable, son una pequeña representación de los protagonistas esenciales de este género tan apasionante como seductor que es la novela negra. Detrás de todos y de cada uno de estos investigadores siempre nos encontraremos con una caterva de psicópatas, sociópatas y criminales que pueblan la sociedad de nuestros días. Una interesante muestra de limitadores cuyas variantes son interminables. En cualquier novela negra, el lector puede tropezarse con asesinos apasionados, psicópatas en serie, paranoides en masa, locos homicidas, drogadictos en busca de nuevas dosis y depredadores que incluso ni ellos mismos conocen la razón de su violencia, pero sí sienten una extraña necesidad de matar. Se trata de seres marginales que llevados al papel se convierten en héroes.

En cualquier obra de este género se debe analizar con meticulosidad extrema todos los aspectos criminales, los métodos de matar y los modus operandi, las coincidencias y las similitudes, las diferencias y las controversias que arrastrarán al lector de forma solapada hasta la atracción total de los personas y, por ende, de la trama. Para ello utilizaremos unos diálogos precisos y técnicos, sin olvidar que cada personaje tiene su jerga particular.

La novela negra es esencialmente urbana, social y realista por los ambientes en que se mueve y por la galería de personas ya enunciados que suelen poblarla. Y este reflejo social es una manifestación viva de lo a diario acontece en nuestras ciudades. El crimen está ahí, a la vuelta de la esquina. En nuestros ambientes cotidianos es fácil tropezarnos con sujetos enajenados que han perdido la propiedad de sus actos y, por ende, se convierten en enfermos mentales. Como tales la sociedad está obligada a tratarlos. No son seres extraños, marginados, posesos o malditos, aunque sí pueden ser criminales. La novela negra es el mejor teatro para poner en escena a estos seres que, despojados de todo prejuicio, son capaces de cometer los crímenes más horrendos que jamás pudiéramos imaginar.

El único modo que tiene el ser humano de evitar su degradación y, por consiguiente, su destrucción es recuperar la libertad como valor central de su existencia. Quizás este planteamiento resulte demasiado utópico, pero considero que ha llegado el momento de liberar al sujeto de ese cúmulo de valores que alimentan la esclavitud. Ello recuperará al ser humano y le ascenderá a los niveles más altos de desarrollo personal, y lo alejará del crimen.

Sin embargo, el criminal, disfrazado de psicópata, de asesino en serie o de violador, es imprescindible para que la novela negra continúe emergiendo con la calidad e impronta que lo hace actualmente. Caín es imprescindible en nuestras ciudades. El mal está dentro de nosotros y, sin socializar la agresividad, el hombre nunca podrá ser libre.

La novela negra no existiría.

La novela negra es la verdad. En sus historias, desgarradas y animadas, lo que se busca a toda costa es sacar a la luz la verdad de sus protagonistas. La verdad del cainista de turno.

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