viernes, 6 de marzo de 2009

Códex 10, a la venta el 9 de marzo.



(Fuente: La Balacera)


Códex 10 es el indicativo utilizado por los servicios de investigación en el cuerpo de los Mossos d´Esquadra. El sargento Francesc Montagut, Monty, es el encargado de dirigir las pesquisas de este grupo y el hilo conductor de los relatos que componen este volumen. Cada una de ellos consigue sumergir al lector en el mundo tan real y cercano que componen miles de personas que se dedican a garantizar la seguridad ciudadana y el orden público.
Eduard Pascual reformula en Códex 10 de un solo plumazo el género negro español y catalán. Y lo hace por cuatro motivos: uno, el autor sabe perfectamente de qué está hablando, ya que él mismo es agente de la policía autonómica catalana, por lo que sólo tiene que mirar a su alrededor para encontrar una fuente de inspiración mucho más fiable que la investigación que pueda llevar a cabo un escritor ajeno a asuntos del hampa; dos, combina con gran acierto realidad y ficción, demostrando de este modo tanto su capacidad para transferir experiencias personales al papel como su pericia a la hora de imaginar nuevos escenarios negrocriminales; tres, aporta al género una nueva visión al crear un personaje colectivo, esto es, al hacer que todos los agentes de una unidad de los Mossos d’Esquadra tengan idéntico protagonismo, lo cual le permite eludir la figura del clásico detective que acapara toda la atención del lector; y cuatro, la trama de los relatos no se centra en las pesquisas para descubrir a los distintos criminales que pululan por el libro, sino que Eduard Pascual describe, con una sensibilidad exquisita, las relaciones interpersonales que se dan dentro de una misma unidad policial, cosa que nos permite conocer no sólo el intríngulis del quehacer de la policía autonómica catalana, sino también las filias y fobias que se generan entre los propios agentes, algunas de las cuales, como no podía ser de otro modo, pasan por el amor.
Así pues, en la medida en que todos los relatos tienen al mismo grupo de personajes como protagonistas principales, Códex 10 puede ser leída como una novela cuyos capítulos mostrarían distintos casos. Pero se trataría de una novela sin principio ni final, ya que el autor tiene la suficiente pericia como para arrancar el primer relato de un modo brusco, casi como si obligara al lector a meterse en un coche patrulla estando éste en marcha, y para terminar el último cuento sin mostrarnos el modo en que se resuelve el caso, dejando así al lector con la idea de que la labor policial nunca tiene fin y que los personajes que recorren estos cuentos continúan, una vez cerrado el libro, con su labor de protegernos ante cualquier peligro. Por eso mismo, resulta imposible acabar la lectura sin echar un vistazo a la calle y, viendo pasar un coche de los Mossos d’Esquadra, pensar en el sargento Montagut -trasunto literario del sargento Francesc Minobis, un mosso emblemático que falleció en 2001 y a cuya memoria está dedicado el libro-, en el cabo Flores –una especie de Harry Calahan a la catalana-, en el cabo Casanovas, en la mossa Sonia Mora, en el inspector Quim, en el cabo Rabassedas… y en los otros agentes que, en el caso de Códex 10 patrullan el norte de Cataluña, en concreto la comarca del Alt Empordà.
Dada la experiencia del autor en la Policía de la Generalitat-Mossos d’Esquadra, resulta lógico que los relatos de Códex 10 beban de la realidad para adentrarse en el terreno de la ficción, mostrando un surtido de casos ejemplarizantes sobre la criminalidad que tiene lugar en el territorio catalán y, por extensión, español: un policía salva a un bebé a punto de morir en las entrañas de un contenedor y veinticinco años después, cuando ese mismo agente está a punto de morir a causa de un disparo, sólo encuentra motivos para luchar cuando recuerda a aquel mismo bebé (‘Julia’, relato galardonado en el V Concurs de Contes de la Policia de la Generalitat-Mossos d’Esquadra 2003); un chaval mata a un mecánico para robarle y el lector asiste al asombroso proceso de deducción llevado a cabo por los agentes (‘Jubilación de un mecánico’); una mujer inventa que le han dado el tirón para cobrar el seguro y el cabo Flores desmonta su historia por pura intuición (‘La fresca Francisca’); una madre mata a sus dos hijos por amor hacia un hombre que en verdad no quiere saber nada de ella (‘El día de los Inocentes’); un individuo se cuela en la casa de varias mujeres para robarles las braguitas (‘El alienado’); una chica violada se enamora del mosso que la protege (‘Amor policial’); unos necrófagos profanan tumbas a la espera de la llegada del Diablo (‘El necrófago’); unos gitanos roban un camión de mercancías sin saber que también están haciéndose con unas obras de arte (‘Arte gitano’); cuatro asaltantes se enfrentan a los agentes mientras surge el amor entre fechorías; y un asesino en serie continúa matando sin que el lector llegue jamás a saber cómo se resuelve la investigación, dado que Eduard Pascual, en una clara demostración de su dominio narrativo, cierra el libro antes de que sus agentes solucionen el caso, indicándonos de este modo que, pese a las dosis de ficción del volumen, la actividad de los agentes del orden nunca termina y que ahora mismo deben de estar protegiéndonos de no sabemos qué peligros.
Por otra parte, no hay duda de que Eduard Pascual se convertirá en el máximo representante de esa nueva tendencia narrativa que viene detectándose desde hace algunos años: agentes de las distintas policías autonómicas que escriben sobre su propia realidad.
El apoyo que otros escritores (Fernando Marías, Rosa Montero, Raúl Argemí, etc.) han dado a estos relatos es otro aval a la hora de encarar la lectura de Códex 10, pero sin duda la mejor garantía la obtendremos cuando leamos uno solo de sus casos.
-Más información: http://codex10.blogspot.com/
Otros autores han dicho:
‘Una novela que faltaba y que hacía falta en la narrativa negrocriminal en castellano. Es un libro que queremos especialmente porque demuestra que a veces los sueños se convierten en realidad.’ Paco Camarasa
‘Este género glorioso sin nombre lo practicaron Poe, Doyle y Woolrich, entre otros... Ha sido un placer comprobar que hoy y aquí también. Eduard Pascual cultiva ese género.’ Fernando Marías
‘Querido Eduard, ya he hecho los deberes, tienes garra y viveza, está bien el cuento, a ratos adquiere una fuerza estupenda, como cuando ella está en casa y viene el violador, genial, transmites de verdad su miedo y su angustia.’ Rosa Montero
‘Magnífico el relato Jubilación de un mecánico. Un mosso que además sea escritor puede ser muy peligroso para la profesión...’ José Luis Muñoz
‘¡Genial el diálogo interior de la madre! Cómo sabes transmitir sus sentimientos.... Muy bueno el personaje del policía que se arriesga con valentía, incluso llevando la contraria a sus superiores. Transmites una realidad que a veces se olvida: que dentro de un policía, parapetado detrás de mil y una reglas y protocolos, siempre mora una persona, con sus dudas y sus miedos, pero también con su sabiduría, perspicacia e intuición...’ Tura Soler (periodista)
‘Extraordinario cuento. Das al lector un baño de información, sensaciones, sentimientos, acción e intriga sabiamente dosificados. Te arriesgas y calculas bien.’ Julián Sánchez
‘Eduard, como decía Gila, me fusilaron dos veces, porque la primera les salió mal. Y se reía. Lo salvaba el humor. Sin la ironía de tu mirada, la profesión de policía sería una tortura.’ Raúl Argemí
‘He disfrutado de tu relato.’ Amir Valle
‘Estimado Eduard, su cuento me agradó bastante, creo que necesitamos escritores como usted.’ José Carlos Somoza
‘Acabo de leer tu relato ‘Bandoleros’ y debo decirte que me parece extraordinario. Te aseguro que ha sido un placer leerlo. Felicidades: tu narración me motiva.’ Andreu Martín
‘Y desconfía del mañana, prosigue el verso de Horacio. Eduard presenta un caso de difícil solución... ¿Cómo no desconfiar del mañana? ¡Nada espera toda la vida!’ Rubén García
En librerías el 9 de marzo.

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