domingo, 5 de abril de 2009

Madrid

Acabo de regresar de Madrid. He recorrido algunas de sus calles, he utilizado diferentes lineas de su metro, he palpado la vida diaria de más de cinco millones de personas, y he llegado a una conclusión: Madrid es una gran ciudad, pero tiene muchos defectos.
Cuando una ciudad despierta por la mañana lo hace sugilosa y lentamente, como cualquier persona. Sin embargo, la capital del Reino, no. Madrid se despereza ya bulliciosa y en plena actividad. Desde primera hora de la mañana, la urbe hierve a más de cien grados centígrados. Y en el fondo y en la forma es normal. Y lo es porque una ciudad de estas características nunca puede estar muerta.
La capital politica, social, y económica de un país no puede detenerse. No puede permitirse ese lujo, y tiene que avanzar más rápida que su gran competidora; la capital cultural de España: O sea, Barcelona.
Mi estancia en Madrid ha cumplido sus objetivos. Pero también ha servido para descubrir una ciudad que, aunque no es santo mi devocación, sí es honesto reconocer que remuza posibilidades por todos sus poros. E>so sí, para luchar en ese ring es preciso ser competitivo. De lo contrario, el fracaso está asegurado.

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