sábado, 11 de abril de 2009

Ministros, ministrillos y ministrables

El miércoles santo todo olía a incenso, crucifijos y nazarenos cuando en La Moncloa un tropel de periodistas aguarcdaban la comparecencia del Presidente Rodríguez Zapatero. La espectación era máxima para saber cómo se había configurado el nuevo baile de ministros, ministrables y ministrillos.
La rumorología había hecho de las suyas, y varios eran los ministerios suceptibles de una desaparición y/o de una fusión. El de Cultura no escapaba a esta realidad. Pero todos confíabamos que un ministro como César Molina, discreto, callado, y alejado de polémica, salvo la que en su día mantuvo con la también autora Rosa Regás (por entonces directora general de la Biblioteca Nacional), se iba a salvar de la quema. Sin embargo, cuando el Presidente del Gobierno fue voceando los cambios y sustituciones, asistimos atónitos al relevo en el ministerio que nos ocupa. César Molina dejaba el puesto en favor de Ángeles González-Sinde, hasta el miércoles "de pasión", que diría Bernat Soria, Presidente de la Academia Española del Cine.
Si es importante que en tiempos de crisis, uno de los ministerio que sobreviva es el de Cultura, también es importante valorar a quién se pone al frente. Una cosa es pregonar y otra dar trigo. Y en este sentido, tengo serias dudas, mis reparos más sospechosos y, sobre todo, mi desconfianza más absoluta por el futuro más inmediato que nos aguarda, en particular a los creadores literarios. Y me voy a explicar.
En la época de Carmen Calvo asistimos a unos tiempos de favoritismos en el mundo de la cultura. Desde nuestra óptica, la de los autores, su etapa al frente del ministerio fue casí vacia. Y digo casi porque, salvo la puesta en escena de los actos conmemorativos del IV Centario de El Quijote, y la aprobación de la Ley de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas, ¿qué más gestionó esta egabrense en favor del mundo del libro? Realmente nada. Al contrario, concentró sus esfuerzos en favor del mundo del cinematografía. Basta recordar cómo la vimos paseando su silueta, bien arropada por la ropa de ciertos diseñadores, por los actos de entrega de los Premios Goya... Pero obvió y desvió la mirada de cuánto tenía que ver con el mundo de los autores, y más particularmente, de los autores noveles a los que no nos dedicó ni una hora de sus tres años y pico de gestión ministerial.
Nos alegramos con su relevo, y lo festejamos. Todo sabíamos la trayectoría de César Molina, que se definió escritor antes que político. Y bueno su gestión en este tiempo transcurrió así. Realmente se notaba que era autor (que lo es, perdón), y que prevalecía esta condición a cualquier otra, a pesar de que en algún aspecto se equivocara estrepitosamente. Me refiero a sus constantes favoritismos a este constante cortijo que se llama SGAE. Pero a pesar de sus errores, el mundo del libro percibimos una voluntad por trabajar, apoyar y favorecer a los sectores implicados. Algo es algo, ¿o no?
Pero en esta vida todo tiene un principio y un final, y César Molina, seguramente acosado por sus deseos literarios, ha preferido dar un paso atrás en la primera fila de la política para dar paso, como decía antes, a una mujer que vive en el mundo del cine.
Ver para creer. Esperemos que la llegada de González-Sinde al ministerio no nos haga recordar épocas pretéritas en la que sólo se tenía ojos para el séptimo arte. De entrada, inició su gestión con un traspiés. Lleva intención, al menos eso aseguró, de reordenar todo lo referente a los internautos. Mal empezamos porque éste es un colectivo más que numeroso que puede (podemos) complicarle la vida más de lo que se imagina.
El mundo de internet es un mundo complicado en el que no es fácil montar un ataque como el del Pearl Harbor. El contraataque no sería moco de pavo. Lo aseguro. Por eso considero que, a pesar de la llamada de la ministra al diálogo, cualquier medida que se adopte desde el despacho de la ex Presidenta de la Academia del Cine conviene hacerla con sensatez y lógica, observando siempre la opinión y el deseo de todos los sectores implicados. No sería de recibo que antes de los famos cien días, Ángeles Gónzalez-Sinde estuviera, tal y como le ocurrió a su antecesora, Carmen Calvo, en la lista negra de los sectores implicados en el mundo del libro.
Confío que esto no suceda. Pero lo cierto es que tengo mis reparos, principalmente a la vista de los primeros resbalones que está teniendo. Y una última pregunta: ¿Por qué en su toma de posesión no estaban invitados autores de reconocido prestigio dentro del panorama nacional? Ya digo, ver para creer...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola,
Dime una dirección de e-mail donde escribirte. Tengo una información que quizá te interese incluir en tu blog.
Mi correo: janaru@gmail.com

Un saludo

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