domingo, 12 de julio de 2009

¡LUZ NATURAL!

Mientras el sol continúaba envolviendo con todo su esplendor a cuánto acontecía en esta tan tradicional villa marineran, que reza la canción, los preclaros autores de turno volvían a congregarse en la Carpa del Encuentro. El tema ayer no quedó zanjado y habia que retomarlo. Y lo retomaron con más o menos brillo y esplendor porque ni eran todos los que estaban ni estaban todos los que eran. Pero el famosísimo tema de la muerte, como derivación del tema central de las dos tertulias que han colapsado el fin de semana, daba juego para que tan preclaros creadores disertaran de lo humano y de lo divino acerca de los muertos vivientes y, como decía ayer en este mismo espacio, de los pequeños grandes monstruos que, amen de cincelarlos en el papel, en el fondo cada menda lleva en los más profundo de su ser y que, desgraciadamente, trasciende más allá de su espíritu con demasiada frecuencia. Y con la de hoy, afortunadamente, se cierra este diminuto ciclo de tertulias dedicados a un tema tan morboso como especulativo. La muerte y sus derivados. Desde mañana se hablará de Historia, de crímenes, de novela policiaca y de cosas más atractivas que ayer y hoy.
¿Se me permite un consejo? El titular de AQ debería ser: "¡Patético!". Es verdad, lo que he presenciado más allá de las carpas pero dentro del recinto de "la Semana" me ha resultado patético, amén de vergonzoso, y, sobre todo, un manifiesto intento abuso de poder por parte de quién recibe subvenciones millonarias por parte de las diferentes Administraciones Públicas. Partimos de una vergonzosa premisa: la Semana Negra no debe ser una ciudad dentro de Gijón. Nunca. Es un escenario más de los muchos que surgen en el rico y variado verano gijonés. Pero no debe tener una normativa interna supra urbana a todos los efectos. No se puede permitir que dentro del recinto se autorice y se consientan determinadas actitudes y comportamientos que no se consienten en el resto de la ciudad. Ello no es imcompatible con el mayor y más grande los sentimientos de integración racial y solidaridad entre los pueblos y culturas, pero cada cosa debe estar un sitio y las formas son siempre las formas, dentro y fuera del Régimen.
Por ello, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado tienen idéntidad capacidad de actuación dentro del recintro "semanero" que fuera, y la normativa legal acerca de la venta ambulante. La Desobediencia, también llamada Resistencia a la Autoridad es un delito. No lo olvidemos. Como tampoco se debe olvidad el hecho de que las FSE, antes de ejercer la fuerza para respetar los derechos y la libertad democrática SIEMPRE (y la pongo en mayusculas) utilizan el diálogo como arma de persuasión. Pero una cosa es dialogar y otra muy diferente experimentar el hecho de que como consecuencia de ese diálogo quién tienes enfrente, sabiendo que no está en posesión de la verdad, ejerza el más asqueroso y vulgar ejercicio de poder y de abuso de autoridad por su parte y por parte de sus secuaces. Ha sido vergonzoso. Si somos democráticos, lo somos para todo, si liberales, lo somos para todo, y si somos tolerantes, también debemos serlo para todo, aunque no sea de nuestro agrado. Pero debe ser así. La ley es para todos, y supuestamente debe ser igual, aunque con casos como el que presencié esta tarde, no es igual para todos.
Si eso me parece tan grave como aberrante, aún lo considero mucho más el hecho de tu cohorte controle y vigilé a quiénes presencian el vergonzoso espectaculo. No, hombre no. Esto no es la policía política del Kremlín, ni el Mossad israelí. Así no se demuestra nuestros sentimientos liberales ni ideológicos. Y en la vida siempre hay un punto intermedios. Ni se puede ser radicalmente liberal ni extremadamente conservador. Ambas posturas son siempre nocivas e incluso portadoras de células malignas. Y a la vistá está. Nos transformamos en chavacanos y patéticos. De vergüenza. Lo aseguro.
La edición de hoy de AQ publica un articulo de opinión de librero negrocriminal por excelencia. Y es un articulo que me gusta porque define el verdadero espíritu de "la Semana" de Gijón, una ciudad paseable, conversable, donde destaca la amabilidad de la mayoría de sus ciudadanos.... Una verdad absoluta que define el espírutu de una villa marinera en la que nadie se siente extraño. Eso sí, siempre que acatemos la norma. Y cuando no sea así, los estementos competentes pondrán toda su maquinaria al servicio del Estado para darnos el correspondiente tirón de orejas, seamos o no asturiano, seamos o no españoles. Pero cuando eso ocurre nadie está en posesión absoluta de la verdad para desafiar a quiénes, desde su responsabilidad laboral, tienen como función constitucional no sólo la defensa de las libertades ciudadanas, sino la observancia del cumplimiento de la norma para cualquierp ersona que en ese preciso momento resida en el territorio nacional.
Sería vital que cada cual asumiera las funciones derivadas de su profesión. O sea, los escritores a escribir, y los ilustradores a ilustrar.

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