viernes, 4 de septiembre de 2009

EL DIPLOMATICO

Los que de una manera u otra estamos (o hemos estado) vinculados a politiquillos de tres al cuarto y a impresentables que por su jeta tienen derecho a coche oficial, secretaria (subvencionada por el erario público) y escolta estamos más que acostumbrado a tropezarmos con indeseables que, procediendo de la nada, se creen los dueños y señores de este país que intenta salir de la crisis económica mientras nos asustan con campañas de publicidad acerca de la gripe A.
Por lo general este tipo de fauna es sobresaliente en su modo de actuar y en su estilo, maneras y educación. Pocas, poquísimas, veces, te tropiezas con políticos que ejerzan de ser humano antes que de ello. Lo cierto es que escasean estos últimos. Escasean. Dentro de este zoológico hay una raza que come aparte. Me refiero a los diplomáticos. Como en botica, habrá de todo. Pero aseguro que lo normal es que estemos ante unos prepotentes de narices. (seré educado).
La primavera del 2008 conócí a un diplomático que es todo lo contrario a lo que acabo de referirme. Cuando supe que iba a conocerlo, porque sí conocía a su mujer con la que me une una gran amistad, sentía un temor estúpido. Si bien era de preveer que una persona de calidad humana y personal de Loreto (así llamaré a mi amiga) no podía compartir la vida con alguien que ejerciera de prepotente, engreido, y estúpido, también es cierto que a muchos diplomáticos hay que darles de comer aparte. Por eso me asaltaban las dudas y la incertidumbre. Lo conocí en un ambiente social más que determinado. Y la impresión fue grata no sólo para mí, sino también para el resto de amigos. Jaime (así dice llamarse el marido de Loreto) no es un diplomático al uso.
Gratamente nos tropezamos con una persona extremadamente sencilla, humilde, culta, discreta. Un gran conversador; extremadamente cuidadoso en formas y gestos. Más allá de su condición profesional, es una persona que nunca -y cuando digo nunca, es nunca-alardea ni presume de su actividad profesional, y mucho menos de haber recorrido más de medio mundo. Estos retazos hicieron que pronto se ganara la confianza y amistad de presentes y ausentes. Jaime se ha hecho amigo de todos nosotros, y me ha quedado más que demostrada su amistad por detalles que dejan la impronta del verdadero sentido y significado de lo que significa la palabra amistad.
Con su actitud y su forma de ser, Jaime se ha convertido en la excepción que confirma la regla. No todas las personas vinculadas a la diplomacia son unos prepotentes de narices. Como Jaime, también quiero creer que habrá personas sencillas y humildes; personas discretas que no sienten necesidad alguna de poner sobre la mesa en cualquier lugar y situación su profesión y su actividad diplomática.
Afortunadamente, éstos, aunque sean pocos, dan brillo y esplendor al resto. Mejor dicho, dan una hermosa lección de humildad. Ya saben. La mujer del César no sólo tiene que serlo, tiene que parecerlo...
Jaime no lo parece. Lo es. Y eso es lo importante. Es persona por delante de cualquier otra condición. En este punto hemos coincidido todos. Es un más que manifiesto ejemplo de cómo se deberían portar muchos de los señoritingos que rigen los destinos de muchos ayuntamientos, otras tantas comunidades autónomas, e infinidad de despachos de los diferentes ministerios. Insisto: muchos tendrían que tomar buena nota. Pero claro, hay un grave problema: una gran mayoría de ellos caminan a cuatro patas, y Jaime tiene dos piernas y un cerebro humano. Ésa es la diferencia.

2 comentarios:

Abril dijo...

Hola Hause, estoy segura de que Loreto te agradece todo lo que dices de Jaime.
No te equivocas. Yo les conozco a los dos y se que no te equivocas.
Lo importante es la humanidad y... tú la tienes.

Un abrazo... María

House dijo...

Mmmmmmmmmmh. No, no... Usted perdone. Pero cunde más la fauna ibérica con coche oficial que las personas. ¡¡¡Ya pillé ese blog tan super secreto!!!
Un beso

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