lunes, 14 de septiembre de 2009

LA HUIDA

Leo en la edición digital de El País que Pedro Solbes, ex vicepresidente del Gobierno ha renunciado al escaño de diputado que mantenía en el Congreso de los Diputados. El día 1 de este mismo mes el también ex ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, hizo lo propio. Y el también ex ministro de Cultura, César Molina ha dejado su actividad política para regresar a su cátedra de la Universidad Carlos III. Tres retiradas más que significativas. tres renuncias. Una huida en toda regla.
Para el ciudadano de a pie que tiene dificultades para llegar a fin de mes, o sea para la mayoría, esta huida tiene una lectura más que significativa. Ahora querrán vendernos la imagen de que no está pasando nada. Pero creo que no es así. Cuando es época de vacas flacas y vienen mal dadas, hay que tener un cuidado más que esmerado en las medidas que se adoptan, cómo se ejecutan y cómo afecta al ciudadano de a pie. Últimamente, me temo, que los aciertos están siendo escasos y los errores numerosos. Nadie es perfecto. Pero de la perfección al sentido común hay un trecho; un recorrido que, en esta ocasión, está repleto de errores, problemas, escasa credibilidad social y, lo peor, de medidas electoralistas.
Así no se gobierna, ni mucho menos se reconduce un país en época de crisis. Las medidas deben ser serias, rigurosas, sensatas y deben cimentarse sobre los pilares de la sobriedad económica, el sentido común y la responsabilidad. Y últimamente, para desgracias de muchos, está cimentación está comenzando a fallar.
La huida de Solbes, Sevilla y Molina sólo tienen una lectura. Una lectura de castigo hacía el propio PSOE y más concretamente hacia el mismísimo Rodriguez Zapatero. Si no se hacen los deberes como se deben hacer, al final uno se va quedando solo, y es carne cañón para el partido de la oposición que, a pesar de los trajes y los bolsos, sigue soliendo a corrompido.
La solución a tanta ponzoña tendríamos que darla la ciudadanía en la siguiente convocatoria electoral. Pero temo que los españoles somos desmasiado olvidarizos, aunque no tengamos claro en qué dirección debemos mirar en adelante. Mientras sigamos siendo tan escurridizos nos irá mal. Claro qué, ¿acaso alguna vez nos fue bien?

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