viernes, 9 de octubre de 2009

LAPORTA Y GUILLERMO FERNANDEZ VARA

Acabo de ver el Telediario de la Primera Cadena. Cosa rara en mí, me quedé hasta los deportes. Justo iba a dedicarme al zapping cuando oígo un titular que dice que el Presidente Laporta llamó imbécil al Presidente de Extremadura, al socialista Fernández Vara.
De entrada me confesaré blaugrana hasta la médula. Porque, lo cierto es que Barcelona es tan paseable y conversable como Gijón. Dos ciudades similares que les separa una diferencia tres millones seiscientos mil habitantes. En eso gana Gijón. Dicho esto, iré directamente al grano.
No es de recibo que se haya insultado de la manera que se ha hecho al Presidente de Extremadura porque insultarle a él es insultar al pueblo extremeño. Y eso ni es ético ni mucho menos civilizados. Ya sabéis de que la mujer del César no sólo debe ser puta, sino que debe demostrar que lo es. En la educación pasa tres cuartos de lo mismo. El Presidente del mejor club que tiene y tendrá la historia de fútbol español jamás debe sobrepasar los más evidentes límites de educación, respeto y cortesía, más allá de que se comulgue o no con ésta o aquélla ideología.
Los personajes de la vida pública nos tienen demasiado acostumbrados a faltas de respeto de estas características, y de otras aún mayores. Basta ver, por ejemplo, una sesión de las llamadas de control del Gobierno en el Congreso de los Diputados, o asistir a cualquier sesión de cualquier pleno autonómico o municipal.
Las palabras de Laporta, más allá de avergonzarnos, no dejan de ser un claro indicador de la salud educacional de cualquier elemento público de este país. Y así nos va.
Yo continuaré siendo culé pero no dejo de reconocer que la palabra que expresó Joan Laporta no deja de ser una manfiesta falta de respeto y educación. Lo que resultó más interesante fueron las declaraciónes del Fernández Vara, quién respondió: "Ah, fue Joan Laporta. Creí que era una broma de la radio".
¡Visça el Barça!

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