sábado, 31 de octubre de 2009

PATRIOTAS Y NACIONALISTAS

Acabo de ver la edición de hoy de Informe Semanal en TVE. En la edición de este sábado hubo dos reportajes que fueron de interés: por un lado, el homenaje a quién pasará a la Historia de España como un gran patriota, como fue Sabino Fernández Campo, y por otro lado, un reportaje sobre Jordi Pujol, el ex Presidente de la Generalitat, que acaba de publicar sus memorias.

De ambos reportajes se puede extraer una gran conclusión: ambos eran patriotas, amen de nacionalistas. Si bien Sabino era un asturiano hasta la médula, Jordi es un catalanista nato. Pero a la vez, ambos se sentían profundamente españoles. Su nacionalismo es (era) perfectamente compatible con el más auténtico sentido y espíritu españolista.

Sabino y Jordi son una evidente demostración de que en democracia ser nacionalista es perfectamente compatible con el hecho de ser español. Todos cabemos en el mismo saco. Es cuestión de saber qué queremos y a qué aspiramos. No pasa absolutamente nada por sentirse catalán a le vez que español, y vasco a la vez que español.

Ellos, Sabino y Jordi, nunca renunciaron, digo, a su asturianismo y a su catalanismo, pero a la vez se sentían españoles, y muchas de sus gestas tenían perspectiva de España.

Un ejemplo rotundo en los tiempos que estamos. Precisamente de esto, por ejemplo, debería tomar buena nota Montilla, Esperanza Aguirre o el propio Camps, que su nacionalismo particular les ha cegado. O hasta el propio Laporta, aunque mi sentimiento barcelonista esté ahí.

Los nacionalismos son saludables y hasta recomendados en este momento de nuestra historia, pero lo que verdaderamente no cabe en la España de las Autonomías son los nacionalismos estúpidos, exacerbados y carentes de una perspectiva española. Y ya no digamos nada de ese nacionalismo raquítico e inservible que durante tantos años se respiraba en Euskadi gracias a Ibarretxe y quiénes le precedieron.

Los más lógico del mundo es que los vascos se sientan vascos, los catalanes, catalanes, los andaluces, andaluces, los gallegos, gallegos, o los asturianos, asturianos. Pero a la vez tenemos que sentirnos españoles. De lo contrario, entramos en un caos y en un desorden desmesurado y de consecuencias impredecibles.

Entiendo perfectamente que los catalanes se sientan catalanes o los vascos, sean vascos. Pero a la vez, lo lógico y lo sensato es que se sientan españoles, porque la amplia perspectiva del concepto “Estado” nos beneficia a todos, y eso es importante para la salud de todos.

Por eso es básico que todos, más allá de nuestra propia nacionalidad, sigamos el ejemplo de estos dos hombres de Estado que desde su nacionalismo, compaginaron su espíritu españolista, convirtiéndose en unos “hombres de Estado”.

Me siento ferviente admirador de ambos. Y ello me permitió seguir tanto a Sabino como a Jordi porque ambos los considero un ejemplo no sólo de cómo se deben hacer las cosas, sino un ejemplo de sencillez y discreción. Ingredientes imprescindibles en cualquier hombre de Estado. Lo que sucede es que éstos cunden poco. Abundan más los vinculados al Caso Gürtel, al Plan Ibarretxe o a las guerras intestinas de la Comunidad de Madrid. Es la gran diferencia entre los hombres integros, como Jordi y Sabino, y la gran mayoría de la actual clase política española. Ya ven, Berlusconi a la española hay muchos. Hasta en Ceuta.

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