viernes, 9 de julio de 2010

¡ADIÓS VICENTE!

El azar quiso que ayer perdiera la tradicional costumbre de actualizar este portal para aplazarlo hasta el día de hoy, Esta mañana la CADENA SER daba la noticia y yo la recojo aquí. Vicente Álvarez Areces, Presidente del Principado de Asturias anunciaba de manera oficial y por sorpresa su intención de no volver a encabezar una candidatura para los comicios del año próximo.

Doce años al frente del gobierno regional y otras tres anteriormente como prócer gijonés son un currículum más que denso para plantearse que en esta vida todo tiene un principio y un final, y la vida político de este profesor de matemáticas también.

Durante las últimas semanas, la rumorología era abundante y densa. Había quiénes afirmaban que se trataba sólo de un bulo nacido de la nada, mientras otros lo daban como algo hecho. Cuando el río suena…

Tras la comparecencia institucional del Presidente Areces, los rumores y cábalas no se hicieron esperar. Si bien se dice que tras quince años de vida política, lee llega el momento de recuperar su intimidad y su vida privada; otros, apuntan este ‘adiós’ como preámbulo a un nueva y más jugosa responsabilidad dentro de la vida política a nivel nacional; y otros hablan de renuncia por presiones internas. Sea como fuese, lo que toca ahora es hacer una reflexión acerca de su gestión, primero al frente de la Alcaldía y después de la Presidencia.

Es el momento del balance y del análisis.

Como es lógico, habrá gente que piense que no ha hecho nada y que estos años fueron en balde. Se equivocan. Un periodo de tiempo tan largo, no puede dejar sólo un rosario de fracasos y errores como señalan los agoreros. Lógico es habrá fallado en algún aspecto, qué en cierta gestión no habrá acertado en su decisión, pero supongo que en lo que todo el mundo estará de acuerdo es que, a pesar de sus errores, también habrá acertado en algo. Vamos, digo yo…

Aunque estemos en un país proclive a crucificar al personal, tendríamos que ser honestos y reconocer los éxitos de su gestión.

Nadie es tan estúpido de creer que en quince años no adoptó ninguna medida justa ni acertada.

Cualquier gestión política es dura, difícil y hastía. No es fácil acertar siempre. Pero es harto complicado también fracasar siempre.

Por tanto, en este caso, como en otros similares que hemos asistido y los que asistiremos, hay que agradecerle su gestión y entender y comprender lo que lo denomino ‘la soledad del despacho’; es decir, la soledad de las decisiones, el momento de álgido de adoptar decisiones siendo consciente de que se puede fallar, pero que hay que adoptarlas.

Quince años dan mucho juego. Independientemente de que continúe en otras trincheras diferentes a la asturiana, y con un tinte más nacional, o, simplemente, de que a partir de la próxima primavera se dedique a contar gamusinos, lo cierto es que hay que ser agradecidos con él. Debemos ser benévolos con él por aquellas decisiones acertadas. Insisto: es de bien nacidos el ser agradecidos… Aunque también se le dé una añalgada por sus errores. Decía Thomas Macaulay que el político debe hablar y obrar muchas veces sin haber pensado ni leído. Y no se equivocaba… Aquel político que diga que eso no es cierto, miente como un bellaco.

Más allá de posibles presiones, independientemente de su futuro más o menos próximo, lo cierto es que existen pocos líderes políticos que hayan permanecido en sus cargos un tiempo similar, sin que nunca hayan sentido la responsabilidad del fracaso y del error. Pero también del acierto. Y Vicente Álvarez Areces no escapa a esta realidad. Hay que ser justos y objetivos. Flirteemos o no con él. Eso no tiene nada que ver con la objetividad. Es diferente. No me cabe ninguna duda.

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