domingo, 11 de julio de 2010

LA FISIOPATOLOGÍA DEL MONSTRUO

Ayer fue un estupendo día de playa. El sol acariciaba con energía la villa de Don Pelayo. A las cinco de la tarde, supongo que tras una opípara comida, varios autores encabezados por el propio PIT II, se juntaron en la carpa del Encuentro. Se iba a charlar sobre lo humano y lo divino, sobre el cielo y la tierra, sobre los monstruos y sobre los que no lo son. De literatura también.
El mexicano Monteverde definió con exactitud el meollo de la cuestión। Se refirió exactamente a la fisiopatología del monstruo. Y no andaba desencaminado al comentar que el problema no pasaba por confirmar la presencia del monstruo en la literatura, sino por aclarar qué mecanismos fisiopatológicos se desencadenan en el cerebro para abrir la puerta al monstruo. Sin duda, ése el verdadero enigma. Conocer con exactitud y en detalle esos mecanismos neurotransmisores y neurobiológicos que, interactuando, dan paso a un ente contrario a lo natural.

En el fondo, la Historia nos ha dado diversas y variopintas muertas que dan fe de que el monstruo existe como elemento aglutinador en la literatura, Ahora se plantea otra cuestión no menos actual que la anterior. ¿Estos monstruos existen sólo en papel, o por el contrario, se trata de individuos con los que cada día nos tropezamos en el supermercado, en la gasolinera, en la farmacia, o simplemente en el ascensor de nuestra casa? Convendría que cada hijo de vecino se respondiera honestamente. Sin titubeos.
Huelga decir que un mundo sin monstruos sería un mundo realmente insípido। Como suelen decir en la tierra del chapapote, ‘haberlos haílos’. La figura del monstruo es inherente a la sociedad. Lo fue siempre y será mientras siga existiendo ese ente amorfo y variopinto al que llamamos sociedad.

Y si se da un paso más, pero un paso lombrosiano, la figura del monstruo existe en el mundo de la literatura, Asesinos en serie, psicópatas, violadores, criminales sin escrúpulos, y un sinfín de protagonistas de novelas de género que se han escrito en los últimos años.

Podría dar los nombres de autores que han llevado al papel más que evidentes ejemplos de monstruos que protagonizan las más excelentes páginas de nuestra literatura más reciente. Pero no lo hare. Más de un oportunista, que cada año durante este mes de julio se da cita en la única semana del año que dura diez, se mosquearía porque no se vería en esa relación. ‘El escritor debe ser humilde ante que la vida le obligue a serlo’ , afirma Manuel Alonso. Muy cierto.

Pero no podemos perder de vista la presencia de otro modelo de monstruo que existe, que nos han contado en nuestra niñez y que incluso hemos visto en la gran pantalla. Me refiero a monstruos etéreos que, viniendo de la nada, han dado las pautas para que nuestros maestros los lleven al papel

Por definición, un monstruo es un ser contrario a la naturaleza. Queda abierto el debate. ¿’Qué es lo contrario a la naturaleza? ¿La naturaleza es perfecta? Necesitamos respuestas. Mientras tanto, que continúe la reflexión. En cualquier caso, se podrían aplicar diferentes acepciones. No cabe discusión.

No me extenderá más a la espera de que llegue la hora taurina por antonomasia. Será la segunda parte de la de ayer. Los mismos nombres y la misma temática. Un análisis diferente. Mientras tanto dejo sobre el mantel el meollo de la cuestión. ¿La naturaleza permite que existan seres contrarios a su ente? ¿Los monstruos existen, sienten, aman y padecen? Esta tarde, más. Esta noche, lo contaré.

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