lunes, 13 de septiembre de 2010

AHORA LES LLAMAN ERRORES…


De nuevo, en el punto de mira. La Iglesia Católica sigue poniendo la guinda al pastel y dando brillo y esplendor, como el Diccionario de la Real Academia. ¡Eso quisieran ellos!

En esta ocasión se trata de los belgas. Dentro del interminable rosario de comportamientos poco ortodoxos y muy asquerosos que se vienen destapando dentro del seno de la Iglesia, en esta ocasión se desatasca la barbarie que hicieron en Bélgica. ¿Qué conclusiones quieren sacar? ¿Cómo piensan ayudar a las víctimas? El arzobispo de Malinas-Bruselas podía tener la boca cerrada. Sólo la abrió para decir una estupidez absoluta. En un caso como éste, en el que más de quinientos niños y jóvenes fueron sometidos a abusos por parte de sacerdotes, declarar que hay que restablecer la dignidad de las víctimas y ayudarlas a curar el sufrimiento que han tenido, de entrada me parece humillante y un despropósito. Todavía no comprendo muy bien cómo este buen señor piensa restablecer la dignidad de los trece chavales que se suicidaron como consecuencia de las secuelas que sufrieron en aquel momento. De verás, hay que ser muy cretino, pero también muy imbécil, para pronunciar unas palabras como ésas en medio de un contexto como el que nos ocupa. Creedme, hay que ser cruel y sádico, aunque lleven solideo y sotana.

            Me da exactamente lo mismo que ahora digan que fue algo ‘que nunca tuvo que pasar’ Cierto. Nunca debió pasar, pero lo cierto es que pasó. Y de aquellos barros vienen estos lodos. El seno de la Iglesia Católica vuelve a estar contaminado y plagado de mugre. Y así les va. Una vergüenza, de la que muchos católicos nos sentimos más que afrentados.

            Y luego tienen la poca vergüenza de proclamar a los cuatro vientos que la Iglesia necesita personas comprometidas. ¿Para qué? ¿Para darles cursillos acelerados de cómo convertirse en unos sádicos patológicos? 

Previsiblemente, ahora a las víctimas ya no les sirvan de nada las buenas intenciones de la iglesia belga con respecto a sus sacerdotes. ¿De qué les sirve ahora el hecho de que a los sacerdotes que cometieron esas atrocidades se les sanciones? Absolutamente de nada. Las víctimas llevarán implícitamente impregnados en su propia alma el estigma de haber caído en manos de unos perturbados mentales que, cobijándose impúdicamente bajo el abrigo de la Iglesia de Cristo, han hecho de su capa un sayo, cometiendo atrocidades, humillaciones y barbaridades sin control de ninguna clase.

De verdad. No se puede ser más cretino que esta caterva de despiadados inútiles de tres al cuarto. ¿Cómo pueden llegar a decir que en otras esferas de la sociedad, también se someten a hombres y mujeres a abusos sexuales? ¡Pero hay que ser zafío! ¿Es que aún no se enteraron? Me parece fantástico que el ex obispo de Brujas monseñor Roger Joseph Vangheluwe, que renunció a su cargo el pasado mes de junio tras admitir que había abusado sexualmente de un menor de su familia, se marchara a su casita. Lo que este patán no se imaginaba era que su actitud contribuyó a que muchas de las víctimas denunciaran lo que vivieron.

Ya está bien. La sociedad está más que harta de toparse con inútiles, que al amparo de una falsa invocación de Dios, se convierten en individuos sin escrúpulos y, lo que es peor, falsean el verdadero sentido de la fe.

La noticia que hoy nos ocupa es una evidencia más de lo corrompida que está la Iglesia Católica. Son tan traidores que son capaces de arrinconar a una parroquia madrileña por el mero hecho de que sus sacerdotes procuran ayudar a aquellas personas que realmente lo están pasando mal, como parados, inmigrantes, ex reclusos o prostitutas. Son tan cobardes que se niegan a dar la Primera Comunión a un niño porque es hijo de padres divorciados. Son tan hipócritas que prefieren que los niños mueran malnutridos en el Tercer Mundo antes que admitir que el uso de los anticonceptivos y unas adecuadas políticas de planificación familiar pueden resultar decisivas soluciones a los graves problemas que presentan los países subdesarrollados. Creo que no es necesario poner más ejemplos… ¿o sí?

En medio de este paisaje paradísiaco e idílico, el Presidente del Consejo de Administración de la ICSA (Iglesia Católica Sociedad Anónima) está ciego, sordo y mudo. No ve, no oye y no habla. No me extraña. Hace apenas cinco años Joseph Ratzinger era uno de ellos. Pero se ha apoltronado dentro de ‘sus dominios’, en dónde, en vez de mostrar una imagen de humildad y sencillez, se da una imagen de poder, dominación y riqueza sin control.

El hombre, que es un individuo eminentemente de fe no puede continuar en las ‘manos espirituales’ de esta tropa. Una pandilla de desalmados, que lo único que persiguen es mimar sus de por sí ya muy boyantes cuentas corrientes y llevar a cabo toda clase de delitos invocando de manera injusta a un Dios que, no me cabe ninguna duda, se sentirá avergonzado y humillado al ver comportamientos como éstos.

2 comentarios:

J.E. Alamo dijo...

Es todo lo que tú dices y además, triste hasta la saciedad. El peor estigma de esta gente es que por mucho que racionalicen lo que les ocurrió, dentro de si mismos siempre llevarán la espina de la culpa que sus verdugos plantaron allí.

House dijo...

Exacto. Ese es el problema, pero además condimentado con el aderezo del orgullo de los verdugos y la espina a la que aludes

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