martes, 12 de octubre de 2010

12 DE OCTUBRE


Hoy, 12 de Octubre, festividad de la Virgen del Pilar, España celebra su Fiesta Nacional. Como es preceptivo y tradicional, Madrid será el epicentro de las celebraciones institucionales. Lógico y normal.
Éste es un buen día para reflexionar. Para darnos cuenta de nuestras torpezas subliminales, de nuestras estupideces endémicas y de nuestros fracasos patológicos. Pero también es un momento para unirnos. Es un día de celebración, en el que los españoles debemos de permanecer más unidos que  nunca, dejando para mañana esas trasnochadas epidemias radicales, que sólo conducen a divisiones reumáticas y anquilosantes. Ha llegado el momento, considero, de que desde Girona a Huelva, desde Ferrol a Almería, pasando por las Islas, los españoles sintamos el mismo espíritu patriótico que mantuvimos este verano gracias a la gesta de ‘la Roja’. Si entonces España entera tronaba a los gritos de ‘español español español’, ahora debe suceder lo mismo. En este 12 de Octubre no sólo nos vuelve a unir ‘la Roja’, sino también nuestra Carta Magna. Gracias a nuestra Constitución somos lo que somos y estamos en dónde estamos. Con fracasos y con errores, pero también con grandes éxitos y triunfos, es el momento de que los españoles, aparcando rivalidades, olvidando chismorreos de patio de colegio, sepultando diferencias, nos sintamos unidos bajo un mismo símbolo que abraza a la Constitución.
En un momento de especiales dificultades económicas y sociales es cuándo más unidos debemos estar. ¿Alguien se imagina qué sucedería en el seno de una pareja, que atravesando una seria crisis económica, intentara cada uno de ellos resolver el problema por su cuenta sin compartir con el otro? Es exactamente lo mismo que sucede en España. La unidad es fundamental para resolver de una vez por todas los grandes problemas de Estado que tanto preocupa al ciudadano de a pie. Si hemos sido capaces de superar dimes y diretes de la Transición, también debemos serlo para acabar de una vez por todas con los grandes problemas que nos acechan y nos preocupan. Asuntos tan delicados como la política económica, la Educación, la politica exterior, la Justicia, la Sanidad, o las políticas sociales deben regirse bajo criterios fundamentales de unidad. No caben diferencias pueriles ni acusaciones de burdel barato y tiñoso.
Gobierno, Oposición, y demás opciones políticas están condenados a entenderse ante los grandes interrogantes que plantea el ciudadano de a pie. En estos asuntos no caben correveidiles. Tampoco diferencias, ni reinos de taifas sean valencianos, madrileños, asturianos, o castellano manchegos. Me da lo mismo.
Pero si hoy, mientras festejamos nuestra Fiesta Nacional, no somos capaces de comprometernos primero con nosotros mismos, y luego con los demás, en beneficio de nuestra sociedad, poco se puede esperar ya.
Qué cada hijo de vecino aguante su palo. Pero si hoy no somos capaces de entendernos, y llegar a acuerdos en beneficio de un país más justo y equitativo, que mañana nadie se llame a espanto ni cínicamente se haga el harakiri, de palabra o de obra, cuando nuestras generaciones futuras nos tachen de idiotas y de imbéciles por dejarles el testigo de un país pobre y miserable, cuando podíamos estar hablando de una de las grandes superpotencias económicas, políticas y sociales. Llevarán razón. No podremos negársela. Sólo nos quedará intentar disimular nuestros gestos de vergüenza y de pudor. Aviso navegantes.   

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