domingo, 31 de octubre de 2010

LA MONCLOA


Hoy comí en La Moncloa; mejor dicho, ayer. Fue un viaje relámpago, pero intenso. No podía ser de otra manera. No había escoltas, tampoco ujieres, ni mucho menos personal de servicio, ni pool de prensa. Sólo los anfitriones. Era suficiente.
Previo a la comida, nos vimos con el orgullo de cortar la cinta y firmar en el libro de oro de la institución. Ha sido un honor. Un privilegio que no olvidaré. Porque las cosas se hacen como hay que hacerlas. Y eso sólo lo saben hacer ellos. Huyen de la parafernalia que ofrecen las nuevas tecnologías. No quieren saber nada de egos casposos en busca de glorias estúpidas y parabienes mediáticos. Conocen el auténtico sentido de las palabras «lealtad» y «fidelidad», y lo aplican. Y eso les convierte en magnánimos.
Son sinceros y nobles. Rechazan la guerra de guerrillas. No Desconocen la conjugación del verbo «conspirar». Nunca han practicado eso de «divide y vencerás». Tampoco se prestan al acoso y derribo. Entienden de doma ecuestre, y también de diálogo. Odian los latigazos a quemarropa. Aman la naturaleza. Unen. No dividen nunca. Suman y suman porque entienden que ellos no han sido llamados para restar. De eso se encarga la vida y los egos corruptos de algunos.
No importa la lluvia, si te sientes acogido y cómodo. El cansancio de los kilómetros se pulveriza en el instante del abrazo y del café de puchero. No hay ascensor, pero lo habrá. Hoy, sin duda, mereció la pena hacer ejercicio de rodilla. Se olvida la niebla y la ventisca cuando se percibe el calorcito, y no precisamente el de una chimenea humeante. Apetece aguardar bajo cubierta cuando llegas al destino y realmente te sientes cómo en casa.
Mientras yo disfruto en La Moncloa, otros continúan aposentados en sus sempiternas y ajadas luchas en busca, primero, de glorias y egos personales, y, por otro lado, de justificaciones absurdas y fariseas de sus méritos y bondades fraternas. Ejercen de mártires, pero son una manada de embaucadores de tres al cuarto sin futuro ni oficio ni beneficio. Juegan al mesianismo ególatra, superficial y recalcitrante. Utilizan todos los medios a su alcance para su promoción y su ego personal. Y en el fondo y en la forma, les importa una defecación otras realidades. Olvidan su pasado, y así les va.
Ahora rebobino. Me acuerdo de La Moncloa y de sus aledaños. Naturalmente, ‘La Moncloa’ bien se merece otras visitas. Lo prometo.

2 comentarios:

Disten dijo...

Quizás estas cosas pasen debido a que sin darnos cuenta, hay varios planos de realidad.
Por eso hay "moncloas" y "Moncloas". Existe Villarriba y Villabajo y pertenecen a distinto ayuntamiento...
También por ello, los caminos se separan y luego pueden volver a unirse... sin rencores.
Y es que si las buenas gentes buscan "la paz mundial" ¿Por qué no empezar con algo más sencillo como la paz entre amigos?.
Fdo. Desde el Jardín de los Bonsais (de la nueva Moncloa).

House dijo...

Es complicado, querido, que las carreteras que estan cuasi destruidas vuelvan a reconstruirse. Lo mejor es destruirla por completo, y crear una nueva. O varias.
Abrazos housianos...

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