sábado, 23 de octubre de 2010

Un hombre bueno

Se marchó un hombre bueno. Ángel Rico Mon nos ha dejado de una forma sencilla y discreta, a una hora prudente para no llamar la atención ni molestar a nadie. Porque así actúan, incluso en el momento álgido de la muerte, los hombres buenos.

Su discreción, su sencillez, su humildad, sus ojos diáfanos que decían muchas cosas sin despegar los labios, eran su seña de identidad. Fue un hombre comprometido por aquello y aquellos en los que creía. Su intensa actividad en el movimiento asociativo le originó muchas amistades, entre las que me encuentro. Desde su compromiso siempre tuvo la palabra adecuada en el momento más oportuno. Racional y frío en los momentos necesarios, pero siempre humano. No sabía decir 'no' cuando se le requería. Siempre estaba ahí de forma generosa y desprendida, dispuesto a ayudar, preparado para echar una mano, demostrándonos a todos el verdadero significado de la palabra amistad.

Se fue un hombre bueno, y ya se le echa de menos. En la Asociación de Espondilíticos de Asturias, en la Sociedad Micológica Asturiana, en Ficemu y en muchos otros lugares habrá una silla vacía desde hoy que nadie podrá ocupar.
 
(Publicado en EL COMERCIO el 23 de Octubre de 2010)

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