viernes, 3 de diciembre de 2010

LA ESPERA


            No, no es lo que parece. Ciertamente estuve varias semanas en el dique seco. Fue intencionado. Muchas noticias se sucedieron que darían para una crónica diaria. Pero esperé. A veces esperar  merece la pena. Ya lo decía el poeta griego Eurípides de Salamina. ‘Lo esperado no sucede; es lo inesperado lo que acontece’. Cierto es.

            Mientras las primeras nieves lo cubrían todo en la España de las Autonomías, que dirían algunos, otros, chulos de profesión, se dedicaban a dar caña a sus correligionarios y compañeros de batallas, importándoles un bledo las repercusiones. N o se puede ser más cretino y más chulo que ese indeseable. Cuentan las crónicas que cuando el rufian llegó a territorio comanche fue recibido con pétalos de rosa, teñidos de desprecio, menosprecio y asco. Se le agasajó como él había agasajado. La vida es así. Tú recibes lo que siembras, y en el césped sucede lo mismo.

            Aún rezumaban los últimos estertores de esta insuficiencia mental, cuando el mundo de las letras españolas hacía justicia. Realmente ya era hora. Una mente tan lúcida como la de ‘la Matute’, tan brillante, y tan bien amueblada necesitaba que se le reconocida su más que inmaculada trayectoria literaria. Ahora tendremos que poner los ojos en dos ciudades. En Oviedo y en Oslo. También allí tendrán que saldar las deudas pendientes que tienen con ella. Es justo y necesario. Y estas deudas hay que saldarlas pronto. A ser posible en 2011 antes que podamos arrepentirnos.

            Y en medio de esta algarabía cultural, los catalanes hicieron sus deberes. Los ciudadanos catalanes, tierra eminentemente vanguardista, empresarial y, sobre todo, ecuánime, demostraron que en política hay que trabajar concienzudamente durante los cuatro años. No vale pregonar la buena nueva un mes antes de la convocatoria electoral. Catalunya dio un revolcón a Montilla y sus acólitos. Nuevos aires en la política catalana y, por reflejo, en la española. Aires que no son desconocidos. Al contrario, son familiares. Pero hubo algo que llamó la atención. La irrupción de determinada fuerza política en el Parlament. No sé entiende que los catalanes, más concretamente, los barceloneses hayan censurado ciertos comportamientos deportivos que no tenían ni el más mínimo ápice de seriedad, y, por el contrario, vayan concediendo actas de diputados. Es una incoherencia. Pero no hay que valorar estos fallos. Prima la valoración global y ésta es positiva. Sin duda.

            Mientras los niños del Colegio de San Ildefonso ensayan, festejamos el aniversario de nuestra Carta Magna, sin distinciones ni fisura. Y quién las haga es un imbécil patológico. Parece que todo huele a Navidad. De nuevo la hipócrita Navidad, que poco tiene que ver con la que se instauró hace dos mil años. Todos nos convertimos en buenos, decentes, trabajadores, sensatos, honestos, y sinceros… ¡Es Navidad! Pero con ese mismo ánimo, esperamos deseosos la llegada del Día de Reyes. Se acabaron las Navidades. El hombre vuelve a ser un lobo para el hombre. Incluso dentro de nuestro mismo partido político, dentro de nuestra familia y dentro de nuestra propia cama.

2 comentarios:

J.E. Alamo dijo...

Me reconcilié con la Navidad a través de la ilusión de mi hija.

acróbata dijo...

Me atreveria a decir que incluso frente al espejo, pues no hay lobo más fiero que aquel que te muerde desde dentro.....

Abrazo House...

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