jueves, 28 de julio de 2011

Tarde de sol


Una tarde de sol siempre es el anuncio de una tarde de diversión. Ese ambiente se respiraba ayer en el recinto semanero, minutos antes de la hora taurina por antonomasia, en la que se inicia el paseíllo literario en las carpas. Y los autores, editores, periodistas y demás invitados afloraban en el recinto de forma discreta.

Se volvió a hablar de la novela de aventuras, y también de metafísica y de antropología. Todo ello bajo el condimento darwiniano de Monteverde que, como ya es tradicional, limpia, brilla y da esplendor a estas tertulias.

El resto de la tarde resultó fría y plana. Los autores iban y venían. La actividad en las carpas se sucedía con velocidad supersónica. Los lectores acudían a las presentaciones, y el público se arremolinaba en torno a los chiringuitos. Ayer fue un día de transición. Hoy irrumpen en el escenario semanero varios de los veteranos a la llamada de PIT II. Veremos caras nuevas –curtidos en el género policiaco- que se dejan caer, mientras otros hacen las maletas. Es el día a día de este macro festival, único en su especie en el mundo mundial, que en esta edición se está desarrollando alrededor de un vallado miope y nauseabundo.

Ayer saltó la noticia de forma oficiosa. Actualmente existen seis novias que están cortejando al festival; urbes que, más allá de mediocridades políticas y argumentos tercermundistas que circulan en ciertos ambientes gijoneses, ven con buenos ojos el hecho de que puedan acoger la próxima edición de la Semana Negra. De ello,  nos ocuparemos el domingo después de que PIT II se pronuncie de forma oficial, al igual que todos los gijoneses esperamos que nuestros nuevos gobernantes también lo hagan, pero siempre desde el sentido común, la lógica y el bien común de Gijón, ciudad que durante casi un cuarto de siglo ha logrado convertirse durante unos días cada verano en el epicentro mundial de la literatura de género.

A propósito, continuo echando en falta a los torpes, enfundados ahora en despachos oficiales, recorriendo el festival, asistiendo a alguna presentación o, más fácil, comprando un libro. Para censurar algo hay que verlo desde dentro. No basta con quedarnos en la superficie. Habitualmente alardeamos de que para conocer a una persona hay que convivir con ella, conocer cómo sus sentimientos, su forma de entender la vida y conocer aquello que repudia y aquello que ama vehemente. Lo mismo sucede con la Semana Negra. Para odiarla hay que conocer este festival, no consiste en leer la prensa y quedarnos con lo que aparece en los medios, hay que verla por dentro: conocer su maquinaria interior, su idiosincrasia y, lógicamente, conocer la opinión de sus invitados: ese puñado de casi dos centenares de autores que, año tras año, acuden a la antigua Gigia para compartir experiencias y cultura con los ciudadanos de Gijón y con sus lectores.

Insisto en la frase de ayer. No todo el monte es orégano. Siendo sensato y coherente, mi discurso debería ser otro. Una alocución cimentada sobre los pilares del engaño, la estafa, la discriminación, y la desidia institucional. Pero también reconozco que la Semana Negra de Gijón arrastra a la ciudad una serie de posibilidades y de repercusiones que no se dan de otra forma.

Es el momento de reflexionar sobre lo alcanzado y lo consolidado. También sobre aquello que es posible mejorar y reestructurar. Lógicamente, también sobre aquello que es oportuno desechar. Una reflexión comunitaria logrará que el verano del 2012 Gijón vuelva a ser escenario de la 25ª edición de la Semana Negra. Un cuarto de siglo. Algo impensable en el año 1987. Reflexionemos todos, y a continuación tomemos decisiones. Serán las más acertadas porque se sujetarán sobre los cimientos del conocimiento y del consenso, que diría el malogrado Adolfo Suárez.

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