viernes, 29 de julio de 2011

Un lujo

Muchas veces la vida te muestra su cara más patética. Ayer ocurrió. Como me dijo alguien en el recinto semanero, «Dios los cría y ellos se juntan». Pero ello no es obstáculo para que os cuente que aconteció en el recinto semanero rodeado de una valla y una guardia pretoriana que lo vigila al más puro estilo feudal.

La tertulia estuvo bien. Un debate épico sobre la realidad y la ficción reunió a veteranos del gremio que recién llegados conferían a la Semana Negra un toque de calidad literaria que nada tiene que ver con los presagios y maledicencias que últimamente se escuchan desde ciertas esferas municipales hacía un evento que, como ya dije en otras ocasiones, sitúa a Gijón en la capitalidad mundial del género policiaco. Estaban casi todos los que son. Y eso da calidad y esplendor.

La «zona cero» resultó ayer un hervidero de autores, periodistas, editores, agentes literarios que, en una espléndida tarde de sol, dibujaba al festival con un evidente trazo de calidad literaria. Caras populares, como Rosa Montero o Maruja Torres; autores de renombre en el panorama literario español, como Juan Bolea, Alfonso Mateo-Sagasta, Fernando Martínez Lainez, Juan Madrid, o Fernando Marías; libreros como Paco Camarasa: nuevos valores como Noemi Sabugal; agentes literarios como Covi Sánchez; y narradores de la talla de Gisbert Haefs. Un lujo que estamos obligados a preservar.

Y todo ello, lógicamente, sin nombrar al alma mater de este evento, el asturmexicano PIT II, que iba y venía cigarro en mano, bote de Pepsi en la otra, saludando a unos, conversando con otros, y poniendo orden y concierto.

Mientras, el público continuaba abarrotando las barracas, que algunos dirían, los chiringuitos, la noria y las churrerías. El pueblo es quién se lanza a la calle en dirección al recinto para divertirse a la vez que se acerca a la literatura, comprando un libro, asistiendo a una tertulia o pidiendo a un autor que le firme un ejemplar de su última obra. ¿Qué tiene eso de perjudicial para la salud de los ciudadanos? Explíquenmelo, por favor.

Una tarde semanera es prolífica y contundente para consumirla en su totalidad. Pero cada tarde en nuestra retina se queda una imagen que es la que permanece en el recuerdo. Ya digo, la tarde de ayer fue el lujo del que pudimos disfrutar en la «zona cero».

Esta mañana se fallarán los Premios de la Semana Negra. Esta tarde, Almudena Grandes pasará por el recinto semanero para charlar con Miguel Barrero. Fernando Marías y Laura Castañón presentarán «Lágrimas en la lluvia», de Rosa Montero. Otro lleno asegurado como sucedió ayer con la probada Maruja Torres. Hoy también luce el sol. De todo eso y de aquello otro que acontezca, os hablaré mañana.

Con este panorama todavía no termino de comprender los negros nubarrones que desde hace varias semanas acechan al festival. No entiendo muy bien como alguien que no ha pisado el recinto, pero sí consiente que su obra se venda en el mismo, pone en tela de juicio este certamen. Decía Felipe González que la gobernar aprendí a pasar de la ética de los principios a la ética de las responsabilidades. Buena nota deberían tomar otros que anteponen credos y religiones, a su responsabilidad institucional ante un evento que mueve año tras año a cientos de personas y que transforma a esta villa marinera y sportinguista en la capitalidad mundial de la literatura.

Queremos salir de la crisis, ¿verdad? Deseamos generar empleo y riqueza, ¿verdad? ¿Vamos a ser tan imbéciles de dejar marchar la riqueza económica que cada año se genera en Gijón gracias a la Semana Negra?

La argumentación económica es banal. La justificación ideológica también. Lo que urge en este momento, lo prioritario es valorar desde la serenidad, el dialogo, el conocimiento y la experiencia qué repercusiones negativas se generarían en la ciudad de Jovellanos si desapareciera este evento. Hay que reflexionar antes que arrepentirse. Siempre.


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