miércoles, 27 de julio de 2011

Una tarde de recuerdos y de esperanza en el futuro


Cuando las caarpas se desentumecían y el recinto renacía, unas grises nubes invadían la ciudad como presagio del amargo futuro que le aguarda con la llegada a la urbe de las novísimas hordas urbanas. Pero eso importaba poco para que con el inexorable transcurrir del reloj, el recinto se abarrotase de público y de lectores, como el pasado fin de semana o el próximo. Pero era martes. Nadie lo olvide.
Los autores volvieron a hablar de la novela de aventuras. El ganador de la última edición del Premio Caja Granada, asiduo en el aparato extraoficial de la organización, se atrevió a meter el dedo en la llaga, y preguntó cuál era el lector de la novela de aventuras. Cierto compatriota del director, para no perder la sana costumbre de filosofar con teorías darwinistas y otras similares, siguió en su línea, hablando de lo humano y de lo divino de la literatura y del individuo. Como siempre, divertido y rebatido por su compatriota.
La tarde avanzaba despacio, y todo el mundo aguardaba que fuesen las siete. Poco a poco, la Carpa de Encuentro comenzaba a rezumar: muchas caras conocidas de la vida social y cultural de este Gijón, que se rebela a que los «nuevos súbditos» rijan su destino con una más que evidente sinrazón; autores, editores, libreros, agentes literarias, y, lo más importante, lectores y público en general iban ocupando todas las sillas del recinto Y la gente se agolpaba de pie y se arremolina. La expectación era máxima. ¿Quién dice que no va nadie a la Semana Negra? En seguida apareció un inmenso tropel de periodistas y fotógrafos que abrían paso a una comitiva de lujo: Juan Cueto, Tini Areces y Paco Ignacio Taibo II, seguidos de un numeroso grupo de personas de la organización y seguridad. Casi nada. 24 años de recuerdos. Los tres, junto al periodista Alejandro Ortega, ocuparon sus escaños, y comenzó el acto. Plagado de recuerdos y emociones, de momentos inolvidable del Gijón que fue, que es, y del que queremos que sea: Recuerdos de El Musel, de la zona de los astilleros, de los aledaños de El Molinón, y hoy de las inmediaciones del campus universitario, una zona, -dicho sea de paso- acotada y blindada a todo lo que no sea académico y universitario. Hablaron alto y claro. Con firmeza y sencillez, con la convicción de que ningún aire neoconservador será capaz de arrebatar a esta ciudad un evento que, en un solo modelo, es capaz de convertirla en la capital mundial de la literatura.

Cierto es lo que Luis Díez Tejón afirma en un diario local. ¿Por qué no va a ser compatible con el aroma de la fritanga o con el melodioso chimpún de los tenderetes? Lógico. Un festival lúdico y recreativo es perfectamente compatible con un festival literario. Quién no lo entienda así, tiene un grave problema que debería tratarse. Eso y mucho más se reivindicó ayer en un acto para el recuerdo. La Semana Negra es un evento literario y festivo inherente a la vida de Gijón. ¿Por qué molesta tanto, por qué estorba? ¿Cuándo y dónde se puede ver a los autores de mayor reconocimiento a nivel internacional de una manera cercana, directa y cotidiana? Sin olvidar tampoco la inyección económica que suponen estos días para los hosteleros gijoneses  y para los libreros? Si queremos crear empleo y riquezas, hay que empezar por dar ejemplo desde casa. Pero claro, quizás esto sea incompatible con las espichas y saraos que sin motivo alguno concreto (y a costa de san pueblo –o sea, de los contribuyentes sean o no militantes del partido que los organiza-. Hay que ser serios. No estamos en condiciones de derrumbar todo lo que el anterior Ejecutivo. Para salir de la crisis hay que sumar. Nunca restar. Sobre todo si hablamos de eventos con casi un cuarto de siglo, La Semana Negra no puede salir de Gijón y a pesar de los muros de la vergüenza y de la humillación, hay que seguir apoyándolas e incentivándola.

Refrendo lo aquí argumentado, consciente, por otro lado, de que no todo el monte es orégano. Pero de este tema hablaremos otro día. Ahora es suficiente con recordar casi un cuarto de siglo de historia de novela policiaca, de literatura en diferentes aristas, siempre bajo un denominador común: un espíritu crítico.

Y la tarde terminó como empezó; en paz, y con un autor de lujo. Otro fundador: el polifacético Juan Madrid. Socarrón, hiriente a veces, mordaz y sobre todo,, un gran autor. Un broche de oro para una tarde de recuerdos y de esperanza  en el futuro, ´

Hoy ha salido el sol. El verano resucita. El recinto vuelve a revivir. Bocadillos, lectores y escritores. Los perfectos condimentos para guisar un festival único en su especie. Nos arrepentiremos si acabamos con él. Y ellos también se lamentarán, aunque ahora ejerzan de todopoderosos. Unos disfraces de pacotillas.  


No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails