miércoles, 3 de agosto de 2011

Los camioneros


Iba a tomarme hoy un día de relax con el fin de iniciar un ciclo de intervenciones alternadas, pero actualidad obliga a cambiar planes.
Cuando venía a estos lares, he visto en la autovía cómo «se picaban» dos enormes camiones que circulaban en dirección a la A8. Eran dos enormes moles de hierro que vomitaban un humo negro cómo la mina de Degaña, que ayer se cobró la vida de un picador. En un tramo escaso de tres kilómetros se han adelantado mutuamente en sendas ocasiones. Y con toda seguridad no se trataba de adelantamientos propios. Eran maniobras malintencionadas en dónde en dos ocasiones dos turismos que circulaban en la misma dirección tuvieron que realizar sendas frenadas bruscas. No sé qué ha sucedido para que los susodichos llegaran a este extremo y no me importa tampoco si no fuera porque sus maniobras ponían en riesgo la seguridad de los demás vehículos que a esas horas circulábamos por la misma vía.

En una época estival como ésta se nos llena la boca de la seguridad vial, del estado de nuestras carreteras y de temas similares. Hay que distraer al personal para que no piense en la prima de riesgo ni el anticipo electoral, pero hay algo evidente. Más allá de que, efectivamente, puede ser de que el número de víctimas mortales en carretera haya descendido en comparación con la de otros años, también es cierto que lo que no ha descendido es el número de imbéciles que siguen teniendo en sus manos un volante. Alguien puede conducir mal –eso es admisible-, y consecuencia de ello puede provocar un accidente. Motivos suficientes hay para no cargarle con una cruz demasiado pesada. Pero lo que resulta totalmente injustificable e intolerable es el hecho de que dos conductores de sendos trailes vayan jugándosela por una autovía arriesgando sus vidas y las de los demás. Si les importa un comino su destino, les felicito. Váyanse a una pista forestal y estrellen sus camiones contra un muro de hormigón a cien kilómetros por hora tras rociar el muro de gasolina. Después ya me contarán qué tal la experiencia. Pero no es justo ni es sensato es que vayan circulando de manera irresponsable por una carretera de primer orden. Cierto es que yo vi la escena a cierta distancia y mi recorrido por la autovía fue brevísimo, pero aseguro que si mi trayecto hubiera sido más largo, hubiera dado cuenta de ello a las autoridades competentes.

Se ha hecho mucho en el tema de seguridad vial, pero aún queda pendiente otro tanto, sobre todo prohibir que esta caterva de irresponsable sigan teniendo en sus imprudentes manos la posibilidad de conducir esas enormes máquinas de hierro y metal que nos tropezamos a diario en nuestras carreteras. Ahí es dónde el peso de la ley debería caer con toda su crudeza. Pero es preferible denunciar nimiedades absurdas que carecen de riesgo propio y ajeno. Como en otros aspectos de nuestra vida, esto también se mide en parámetros económicos y no humanos. ¿Es necesario más ejemplos?

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