sábado, 17 de septiembre de 2011

Irresponsables ignorantes

Una de las desgracias que puede padecer el seno de una sociedad es que entre sus ciudadanos nos encontremos con un buen tropel de irresponsables cuya irresponsabilidad, torpeza y discapacidad mental salpiquen al resto de los conciudadanos. En esta España que cada mañana no quiere mirarse al espejo de Grecia, es una auténtica plaga de irresponsables la que nos ha invadido. En todas las esferas sociales: en la panadería de la esquina, en el prostíbulo de la plaza, en la parroquia, en el ayuntamiento, en el mercado, y hasta en el colegio. Nos han invadido. Y así nos va. Pero aún más grave puede resultar si estos irresponsables –inútiles profesionales-, además, son ignorantes. La simbiosis de los dos es una especie peligrosísima. El irresponsable ignorante es un burdo personaje del siglo XXI que creyéndose el mejor individuo del mundo, en realidad es una rata de cloaca, torpe, babosa, fofa, contrahecha y arrabalera. Se creen en posesión de la verdad absoluta porque «su» docta opinión sienta jurisprudencia en la vida. Hay que ser imbécil, muy imbécil para creer esto. Y mira qué hay imbéciles en esta piel de toro por metro cuadrado.
Cuando uno está a punto de convertirse en «histórico», a lo largo de su vida ha conocido a un nutrido grupo de individuos de toda clase y condición. Puedo asegurar que en esta trayectoria he podido conocer a más de un irresponsable ignorante. Sujetos peligrosos, cuya capacidad de reacción es tan imprevisible como la del enfermo mental. Si el profesor García-Andrade decía que la sociedad debía protegerse de la imprevisibilidad del enfermo mental, yo añadiría que también había que refugiarse ante la presencia de un irresponsable ignorante. Se trata de tipos fríos, insensibles, inmaduros, torpes a todos los niveles, intelectualmente huecos, burdos en sus comportamientos y en sus sentimientos. ¿Alguien puede decirme que jamás vio a alguien así? Si miramos alrededor, seguros que encontramos diversos ejemplares. En algunos casos, los estamos manteniendo entre todos los ciudadanos. En otros casos, contratamos sus servicios. Y luego sucede lo que sucede. En este momento me acuerdo de las palabras del malogrado José Antonio Labordeta en el Congreso de los Diputados… 

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