domingo, 18 de septiembre de 2011

Malos tiempos

Cuando un individuo se independiza, por lo general comienza su andadura en solitario por la vida con cierta humildad. Es lo habitual, aunque también puede haber excepciones. Nadie que tenga un mínimo de sentido común se inicia en la madurez de su vida con arrogancia, chulería y prepotencia, dado que lo más normal es que al principio necesite de su entorno. Una ayuda siempre va bien máxime cuando comienzas una nueva etapa.
Esta misma característica de humildad es vital en la vida política. Nuestras instituciones, y quiénes las gobiernan con más errores que aciertos, adolecen de ello. Se suben a la poltrona y, como si un viento huracanado soplase sobre sus sienes, se olvidan de su condición humana para transformarse en despostas, ególatras, prepotentes y una eterna retahíla de adjetivos similares. Si acotamos aún más la situación, este modus operandi tendría cierta explicación si se gobierna con una mayoría absoluta, aunque lógicamente no sería muy ético. Pero lo que resulta totalmente inconcebible es esta actitud cuando alguien gobierna en minoría. No se puede gobernar casi «por favor» y utilizar unas técnicas tan poco éticas.
Nadie debe olvidarse. Pasaron los cien días de confianza. Estamos en un momento en el que no se va a perdonar nada. Tampoco se olvida, y la foto que aparece hoy en la prensa asturiana es más que significativa. Malos tiempos corren. Peores  vientos soplan. Es cuestión de tiempo, y poco. 

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