sábado, 4 de febrero de 2012

Día Mundial del Cáncer.

Estreno este blog justamente unos minutos después de que el 38º Congreso Federal del PSOE eligiera como nuevo Secretario General a Alfredo Pérez Rubalcaba. ¡Vaya coincidencia! Pero no, no piensen que voy a hablar de este congreso ni de su nuevo secretario general. Tiempo habrá.

Quiero dedicar este estreno a un hecho muy significativo que se celebra hoy también. El Día Mundial contra el Cáncer. La prensa asturiana señalaba hoy que sólo en esa comunidad se detectan mensualmente casi seis mil nuevos casos. Si extrapolamos esa cifra al conjunto del país o al de la Unión Europea, de verdad, que los datos que obtengamos producen vértigo.

Es evidente que algo está fallando, algo estamos haciendo mal en estas sociedades tan modernas y tan desarrolladas para no seamos capaces de poner barreras a este campo tan cruel y tan destructivo. Se habla mucho de avances científicos, técnicos y médicos para lograr erradicar tan demoledor compañero de viaje, pero ciertamente el camino es muy largo aún, sobre todo en una época de recesión, de pérdida de valores y de desbarajuste general.

He escuchado durante mucho tiempo que el extinguido Ministerio de Ciencia y Tecnología sólo sirvió como trampolín para que unos pocos grupos de investigación, y determinadas empresas, accedieran a las suculentas subvenciones para tales menesteres. Desconozco si esta afirmación es cierta o no, lo que si es completamente cierto, es que el nuevo gobierno popular se cargó ese ministerio transfiriendo sus competencias al nuevo departamento denominado de Economía y Competitividad. Me suena raro este batido, y desconozco que hay detrás de esta maniobra. Habrá que darle los famosos cien días, pero a la vez sería importante que quién ostente competencias en la materia se dé cuenta que la ciencia y la investigación no conoce colores políticos e ideológicos.  Es urgente que se incentiven a nuestros grandes equipos de investigación que se extienden por diferentes puntos de nuestra geografía. De ellos depende nuestro futuro, el de muchos de nosotros, y el de otras muchas personas que tenemos muy próximas.

Por el contrario, si hacemos caso omiso a esta situación, si seguimos mirando a otra parte, y continuamos permitiendo que las grandes empresas farmacéuticas, entre otros potentes colectivos, ponen trabas para lograr este objetivo, caeremos en un grave error cuyas consecuencias política, social y humanamente serán incalculable, y de la que todos seremos responsables de una u otra manera.

Si de algo podemos estar orgullosos en España es de nuestros investigadores. Puedo poner muchos ejemplos, pero me bastará como nombrar varias comunidades en dónde distintos equipos en diferentes instituciones están realizando una carrera titánica por ganarle la batalla al cáncer. Pero también a una eterna lista de enfermedades crónicas, autoinmunes y neurodegenerativa que están haciendo la vida imposible a millones de españoles, y en dónde la industria farmacéutica ha llegado a un límite.

Asturias, Navarra, Comunidad de Madrid, Valencia o Andalucía.  Me reitero en lo que ya tantas veces se ha dicho. Un país que se precie de tal tiene que pasar inevitablemente porque sus investigadores estén bien servidos a todos los niveles.

Hace varios meses un ilustre investigador gallego me decía que sintió rabia e impotencia cuando fue a visitarle una persona afectada por la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad letal. Esta persona, en una evidente maniobra de desesperación, visitó a este investigador porque quería entrar en un protocolo ensayos clínicos con células madre. “Se me acaba el tiempo”, le dijo textualmente. El investigador, con todo su dolor como persona y como científico, se vio obligado a desestimar su petición, dado que las investigaciones que él está llevando a cabo todavía están muy incipientes. Casos cómo éste, seguro que encontramos miles. Es la cara más áspera de la realidad que cada día están viviendo miles de personas que ven cómo la industria farmacéutica cada vez puede hacer menos con ellos. Este botón de muestra sirve para ilustrar el día a día de nuestros investigadores que, en reiteradas ocasiones, ven cómo se ralentizan sus líneas de investigación por una manifiesta y venenosa falta de recursos económicos. 

Me gustaría que hoy, Día Mundial del Cáncer, fuese el principio de una nueva singladura en la que nadie ponga obstáculos a nuestros investigadores y, por el contrario, se estimule, se apoye, se financie y se consoliden todas las líneas de investigación que actualmente se están gestando en nuestro país.  Los enfermos, todos, sin distinciones, ni diferencias de ninguna clase, lo agradecerán. Habremos puesto una primera piedra en la construcción de una sociedad más justa, más equilibrada. Ese día, España será aún más moderna y más democrática de lo que es hoy. No tengo ninguna duda.

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