martes, 7 de febrero de 2012

La noticia del día

El epicentro de la jornada de ayer se situaba en el mundo del deporte. Más concretamente, en el del ciclismo. Un nombre: Alberto Contador.

El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) ha sancionado con dos años de suspensión al español Alberto Contador, del Saxo Bank, por su resultado adverso por clembuterol durante el Tour de Francia del año 2010. Hasta el día 6 de agosto del año 2012 tendrá que permanecer en el dique seco.

 Así, de esta forma, y después de año y medio de idas y venidas, el organismo con sede en Lausana ha fallado en contra del deportista español, contra el que la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y la Unión Ciclista Internacional (UCI) habían presentado un recurso contra la absolución dictaminada por la Real Federación Española de Ciclismo (RFEC).

Alberto Contador entrando en meta.
Hasta aquí nada que alegar. Es de suponer que el sancionado recurrirá la sentencia del órgano competente, pero ¿y a partir de aquí? Más allá de todos los detrimentos profesionales que conlleva este dictamen, hay otro aspecto que se debe valorar, y que no es menos importante y transcendente que el anterior. Me refiero a su esfera pública. El madrileño ha perdido el anonimato, y ello lleva implícito (al menos mientras esta cuestión no se cierre definitivamente) que no podrá salir libremente a la calle ni podrá disfrutar de vida personal sin que lleve detrás una caterva de periodistas ávidos de conseguir un titular sensacionalista o una noticia de impacto mediático. También, por supuesto, informaciones que se ajusten a verdad.
Estamos vacunados ya de observar situaciones similares en todo lo que rodea a los que denominamos famosos. Cuántas veces hemos visto en las puertas de las grandes superficies o en las inmediaciones de urbanizaciones privadas varios periodistas ‘atrincherados’ junto a fotógrafos y otras tantas cámaras en busca de la noticia del día. Pasan las horas y cualquier movimiento que se produce en ese perímetro se considera noticia, aunque realmente no lo sea.
Es evidente que el papel de los medios de comunicación es el libre acceso a la información, pero en situaciones de esta magnitud, se debe diferenciar entre el derecho a la libertad de prensa y el respeto a la intimidad de las personas. En cualquier caso, percibo que éste no es el caso. Alberto Contador es un tipo al que le gusta pasar desapercibido y necesita, como cualquier otro ser humano, que su intimidad sea respetada y valorada.

Por eso es fácil averigüar qué va a suceder. Si el deportista puede presevar libremente su intimidad como lo considere, los medios de comunicación tienen obligación de informar de cuánto acontece en nuestro entorno más próximo y también más lejano. Confiemos en la profesionalidad de quiénes ejercen el periodismo desde los valores de la ética y la responsabilidad.
Como norma general, en la vida hay que ejercer de ser humano antes que de profesional. En esta ocasión más todavía.

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