La edición digital de cierto
periódico aragonés recoge, entre sus titulares más «in», la noticia de que el jefe de gabinete de cierto
consejero del gobierno autónomo ha sido cesado fulminantemente tras ser detenido
el pasado martes y puesto en libertad con cargos por presunta posesión de pornografía infantil.
Así de entrada, podríamos decir que los responsables
autonómicos obraron correctamente ante tal situación. Nuestros mayores dicen
que en todo potaje siempre hay un garbanzo negro, y no les falta razón. El
chapapote azulón con tintes gürtelianos se extendió hasta las orillas del Ebro.
Eso no significa que el susodicho, irlandés para más señas, esté acusado del
mismo delito que sus correligionarios valencianos. Pero sea como fuere, lo
cierto es que también en Aragón se respiran olores a corruptelas. Y eso no es
bueno ni para la región, dado que quedará ya tildará por este caso de
descrédito; ni para sus ilustrados próceres, que han visto cómo en su propia
casa también tienen garbanzos negros; ni lógicamente para sus votantes, que han
comprobado que después de otorgar su confianza al PP aragonés, éste no escapa a
la realidad de sus convecinos valencianos o madrileños.
El Gobierno de Aragón ha obrado con sensatez
poniendo de patitas en la calle al irlandés. Y eso, en el fondo y en la forma,
también es verdad que le confiere un matiz de honradez a la que escapan otras
comunidades autónomas, pero la verdad es que este botón de muestra significa
que en casa de Rajoy no es todo oro lo que reluce. En la campaña electoral se
les llenó la boca de acusaciones hacia el PSOE por los chiringuitos y
dedocracia que habían plantado en sus alrededores, pero el tiempo demuestra
aquella famosa frase de Jesucristo: «Quién este
libre de pecado, que tire la primera piedra».
Al hilo de esto
me acuerdo de otra frase de un autor aragonés que tiene como norma no parar
quieto en ningún lugar del mundo que, al paso que va, le va a resultar pequeño.
Solía decir, y supongo que aún mantendrá la teoría, de que «el escritor tiene que ser humilde antes que la vida
le obligue a ello». Extrapolemos
esa frase. El ser humano tiene que ser humilde, antes de que la sociedad le
obligue a serlo de verdad. Nadie puede creerse más de lo que realmente la vida
le ha dado, y desgraciadamente, si miramos en nuestro entorno, comprobaremos
hasta qué punto hay gente que se creen divinos, perfectos, con unas habilidades
profesionales y personales que tienen que cotizar en el Ibex 35. Venga ya. Un
poquito de humildad, por favor. De lo contrario, habrá que desempolvar el
Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados y recordar al genuino José
Antonio Labordeta dirigiéndose desde el hemiciclo al entonces Presidente del
Gobierno, José María Aznar.
Ciertamente.
El caso del irlandés, permítanme que lo defina así, me recuerda otros mucho más
próximos. No se puede ir por la vida vistiendo galas de divinos y excelsos,
máxime en una época en la prudencia, la sencillez, la solidaridad y el sentido
común son elementos más que imprescindibles para combatir una época de
recesión, apatía e indiferencia. Pueden venir mal dadas. Nadie está libre, y es
en ese momento, cuando el ser humano se empapará más conscientemente del
sentimiento de soledad, porque los que teníamos a nuestro lado han huido, dejándonos,
cómo dice el dicho, «solos ante el peligro». Nuestro
ego estúpido los espantó. Seamos humildes, no pretendamos abarcar más de lo que
podemos ni sembrar en campos ajenos que, en el futuro, no podremos recoger.
Prudencia y sentido común son nuestras armas. Casos como el del irlandés los
encontramos a patatas en diferentes estratos de nuestra vida. A veces, una
retirada a tiempo, un descenso en paracaídas y un regreso a la vida, vale mucho
más que seguir en un país como el de Alicia.
No
es oro todo lo que reluce en el Partido Popular. Tampoco en el Partido
Socialista. Nadie se llame a engaños. Nadie es perfecto, pero a la vez nadie es
corrupto de nacimiento.
Mi
madre, como todas sus contemporáneas, es sabia. Suele decir que ni soy tan
bueno como yo me creo, ni tan cruel como dicen mis enemigos. En esta vida todo
tiene un péndulo sobre el que moverse, y el equilibrio es el mejor bastión
sobre el que sujetarse. La frase de mi madre se puede aplicar a la política, a
la economía, a la cultura, a los negocios, a nuestro dia a día. No se trata de
bondad o maldad; así no se puede diferenciar al ser humano. Hay que
diferenciarlo por su forma de ser y de actuar. A veces no logramos entender el
comportamiento ajeno que, seguramente a los ojos de nuestro recto proceder, es
inexacto e incorrecto. Lo que no nos damos cuenta es que cuando otros actúan de
diferente forma que nosotros, ellos están actuando según su forma de ser y de
pensar. O sea, vivimos en un mundo y en una sociedad en la que hay, podríamos
decir, tantas formas de pensar cómo individuos. Eso es enriquecedor, a pesar de
que a veces sea motivo de conflicto.
Insisto:
No es oro todo lo que reluce en el Partido Popular. Tampoco en el Partido
Socialista. Aún menos si miramos a nuestro alrededor. Y así nos va, mimando nuestros
egos, fobias y filias. De maravilla.
2 comentarios:
Hola, te escribo porque he encontrado tu blog y puede que a ti o a tus lectores les interese participar en este certamen de microrrelatos. http://www.ventadepisos.com/concursos/microrrelatos.html
También comentarte que el enlace "Albacete literario" parece que ya no funciona. :)
Un saludo
Gracias por la información del concurso. Ahora mismo quito el enlace de Albacete Literario.
Saluditos
Publicar un comentario en la entrada