lunes, 25 de junio de 2012

El gocho, la educación y la juventud


            Me acusaban el pasado fin de semana de que este espacio sólo lo utilizaba para dar caña. Acepto las criticas. Eso beneficia al blog. Genera más visitas, y siempre es alentador. Cierto es que una reflexión positiva de vez en cuando viene bien, pero os aseguro que el patio está francamente mal. El porcentaje de gochos e imbéciles por metro cuadro aumenta en proporciones supersónicas.
            Esta mañana sin ir más lejos. Regresaba a casa. Transitaba por una de las avenidas más concurridas de Gijón. De pronto, me tropiezo con un gocho que peinaba canas, grasientas y roñosas pero canas. Caminábamos por la misma acera. Él delante. De repente, ensancha sus músculos pulmonares todo lo que puede y, en un alarde de demostración incívica, barriobajera y maleducada, expulsa varios esputos seguidos a la vía pública justamente cuando se cruzaba con mujer de mediana de edad que llevaba de la mano a una niña de apenas cuatro años que, milagrosamente, se salvó de la lluvia fétida del puerco en cuestión. La mujer le increpó su acción, y él le respondió súbitamente: ‘Vete a la mierda’. La mujer siguió su camino cómo si tal cosa. Era educada. Hizo bien. Alcance a nuestro particular Robin Hood caminando y le adelante. En ese momento, exclamé: ‘Luego hablamos que los jóvenes son maleducados…’. No le mire a la cara, y proseguí mi camino como si tal cosa. No habían transcurrido cinco segundos que repitió su heroicidad. Me paré en seco. Me di la vuelta y extraje mi Balckberry para avisar a la Policía de las hazañas del personaje. Se me quedó mirando, y me espetó: ‘Vivimos en democracia, y cada uno puedo hacer lo que quiera’. Cruzó la avenida en diagonal, sin respetar las normas de circulación y se introdujo en una tasca que había a unos metros; chigre ideal para él porque reúne esos ingredientes malsanos, perniciosos, y nocivos como sus moradores. Como él, lógicamente.
Proseguí mi ruta sin más.
            La verdad es que comportamiento como éste resultan la evidencia más nítida del país en el que vivimos y de lo que somos. Hablamos, como le dije al espécimen, de nuestra juventud: de sus hábitos etílicos, sexuales y tóxicos. Cierto es que habrá excepciones, pero tenemos una juventud modélica en muchos aspectos, de la que tenemos la obligación de tomar nota. Asi como, por el contrario, tenemos una piara de cerdos ya entrados en años que aumenta proporcionalmente. Las generalizaciones no son demasiado sensatas. Se escucha con frecuencia que para educación la de nuestros mayores. Sí, ya lo veo. A las pruebas me remito.
            Para educación, la actual. Para juventud, la presente. Tendrá sus defectos, sus vicios. Son humanos. Afortunadamente tienen un importante bagaje cultural y social que les permite ser críticos consigo mismo y con el mundo que les rodea. Los avances científicos, tecnológicos, culturales y humanistas se han encargado del resto. Por fortuna.
            No me imagino a ningún joven en una situación similar a la del impresentable de esta mañana copiando su actitud. Los jóvenes podrán cometer los errores que sean, pero en ningún momento tienen complejo de perfectos ni se les ocurre aplicar ese modelo de libertad y democracia que el insurrecto protagonista de esta historia jaleaba de forma nauseabunda a los cuatro vientos. El domingo irá a misa, y comulgará convencido de que es un buen católico. Una hipocresía más de esta sociedad.

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