miércoles, 13 de junio de 2012

I+D.es el futuro. El de todos.


El pasado mes de febrero se celebró el Día Mundial del Cáncer,  La prensa asturiana señaló entonces que sólo en esa comunidad se detectaban mensualmente casi seis mil nuevos casos. Si extrapolamos esa cifra al conjunto del país o al de la Unión Europea, de verdad, que los datos que obtengamos producen vértigo.

Es evidente que algo está fallando, algo estamos haciendo mal en estas sociedades tan modernas y tan desarrolladas para no seamos capaces de poner barreras a este campo tan cruel y tan destructivo. Se habla mucho de avances científicos, técnicos y médicos para lograr erradicar tan demoledor compañero de viaje, pero ciertamente el camino es muy largo aún, sobre todo en una época de recesión, de pérdida de valores y de desbarajuste general.

He escuchado durante mucho tiempo que el extinguido Ministerio de Ciencia y Tecnología sólo sirvió como trampolín para que unos pocos grupos de investigación, y determinadas empresas, accedieran a las suculentas subvenciones para tales menesteres. Desconozco si esta afirmación es cierta o no, lo que si es completamente cierto, es que el nuevo gobierno popular se cargó ese ministerio transfiriendo sus competencias al nuevo departamento denominado de Economía y Competitividad. Me suena raro este batido, y desconozco que hay detrás de esta maniobra. Pasaron ya los  famosos cien días, y quedó suficientemente evidenciado que quién ostenta competencias en la materia se aún no se dio cuenta que la ciencia y la investigación no conoce colores políticos e ideológicos.  Vive por y para el res-ca-te. Sí, señor Presidente, es un res-ca-te. Repítalo cien veces hasta que se le grabe a fuego.

Volviendo a lo que nos ocupa. Es urgente que se incentiven a nuestros grandes equipos de investigación que se extienden por diferentes puntos de nuestra geografía. De ellos depende nuestro futuro, el de muchos de nosotros, y el de otras muchas personas que tenemos muy próximas.

Por el contrario, si hacemos caso omiso a esta situación, si seguimos mirando a otra parte, y continuamos permitiendo que las grandes empresas farmacéuticas, entre otros potentes colectivos, pongan trabas para lograr este objetivo, caeremos en un grave error cuyas consecuencias políticas, sociales y humanas serán incalculables, y de las que todos seremos responsables de una u otra manera.

Si de algo podemos estar orgullosos en España es de nuestros investigadores. Puedo poner muchos ejemplos, pero me bastará como nombrar varias comunidades en dónde distintos equipos en diferentes instituciones están realizando una carrera titánica por ganarle la batalla al cáncer. Pero también a una eterna lista de enfermedades crónicas, autoinmunes y neurodegenerativa que están haciendo la vida imposible a millones de españoles, y en dónde la industria farmacéutica ha llegado a un límite.

Asturias, Navarra, Comunidad de Madrid, Valencia o Andalucía.  Me reitero en lo que ya tantas veces se ha dicho. Un país que se precie de tal tiene que pasar inevitablemente porque sus investigadores estén bien servidos a todos los niveles.

Hace varios meses un ilustre investigador gallego me decía que sintió rabia e impotencia cuando fue a visitarle una persona afectada por la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad letal. Esta persona, en una evidente maniobra de desesperación, visitó a este investigador porque quería entrar en un protocolo ensayos clínicos con células madre. “Se me acaba el tiempo”, le dijo textualmente. El investigador, con todo su dolor como persona y como científico, se vio obligado a desestimar su petición, dado que las investigaciones que él está llevando a cabo todavía están muy incipientes. Casos cómo éste, seguro que encontramos miles. Es la cara más áspera de la realidad que cada día están viviendo miles de personas que ven cómo la industria farmacéutica cada vez puede hacer menos con ellos. Este botón de muestra sirve para ilustrar el día a día de nuestros investigadores que, en reiteradas ocasiones, ven cómo se ralentizan sus líneas de investigación por una manifiesta y venenosa falta de recursos económicos. Muchas veces aderezadas con el tufillo de la política más artrítica y demagógica.

En época de recesión resulta un insulto y un menosprecio que se recorte en materia sanitaria y en I+D. Es un insulto a la sociedad. Así de claro. Entérese, aunque a estas horas ande por tierras de Rómulo y Remo. Déjese de bobadas y póngase ya manos a la obra. No dé pie a que sigamos las recomendaciones que recientemente hacía un prestigioso médico asturiano a un grupo de pacientes. Les llamaba a la sublevación frente a los recortes. Les invitaba a movilizarse socialmente si les quitaban sólo un ápice de los logros obtenidos hasta la fecha.

Se puede recortar en subvenciones públicas, en empresas estatales, en políticas de medio ambientes o políticas agrarias. Pero mutilar aspectos relacionados con la salud pública o con la investigación es un ultraje y un menosprecio a las personas con enfermedades crónicas. Un desaire a la sociedad española en su conjunto.

Ojalá no lleguemos a ese punto, aunque los vientos que soplan no son favorables. Esperemos que nuestros ilustres dejen de un puñetera vez de colocar barricadas a nuestros investigadores y, por el contrario, estimulen, apoyen, incentiven, financien y consoliden todas las líneas de investigación que actualmente se están gestando en nuestro país.  Los enfermos, todos, sin distinciones, ni diferencias de ninguna clase, lo agradecerán. Habremos puesto una primera piedra en la construcción de una sociedad más justa, más equilibrada. Ese día, España será aún más moderna y más democrática de lo que es hoy. No tengo ninguna duda.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo, Jose, el país que no apueste por su investigación, irá dejando que sus talentos se vayan a países con más recursos.
Un abrazo muy grande desde el Bierzo. Os quiero.
Disten.

House dijo...

Gracias.
Nosotros también a vosotros.

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