viernes, 20 de julio de 2012

De paseo por la ciudad


            Salgo de casa con paso recio. La mañana invita a caminar. Un sol avergonzado y unas nubes voluptuosas me acompañan. En la ciudad aún se escuchan los últimos estertores de la Semana Negra. Pero mañana comienza el Festival Arco Atlántico. Los retorcidos de medio pelo dicen que el Arco Atlántico viene a sustituir a la Semana Negra. Van listos. Ambos son compatibles y en ningún modo excluyentes. En una ciudad que respira sidra por todos los poros de su piel no pueden celebrarse eventos excluyentes. Por esa misma regla de tres, la FIDMA no podría celebrarse en sus fechas tradicionales. Coincide con la Semana Grande.
            Lo importante, precisamente, es eso. Qué la ciudad se menee durante todo el verano. De Julio a Septiembre hay días de sobra para compatibilizar todos los eventos que nos venga en gana. Y no por eso hay que excluirlos. Cada evento, Semana Negra, Arco Atlántico, FIDMA, Festival de la Sidra y otros, tienen su público, su repercusión, sus objetivos y sus metas perfectamente rematadas. Y no es  pecaminoso ni produce gonorrea el hecho de que los eventos se celebren en paralelo, o simultáneamente. Eso es produce sinergias, estimula la vida ciudadana y, algo fundamental en esta época, posibilita la vida económica y turística de la ciudad.
            En vez de dedicarnos a excluirnos, podíamos sentarnos alrededor de la misma mesa y estudiar la formula para que estos dos meses de algarabía y explosión ciudadana perdurasen en el tiempo durante otras épocas del años, especialmente aquellas en las que el sol no existe, las nubes pueden con todo, y la lluvia y el viento ponen la letra y la música de la ciudad.
            En pocos minutos alcanzo el Paseo de Begoña que, a estas horas de la mañana, tiene vida propia. Los cafés de época, las terrazas al sol y el mercadillo variopinto lo convierten en una importante artería lúdica cuyo paseo es obligado. Encontramos de todo: desde embutidos castellanoleoneses hasta productos orientales, pasando por la más exquisita artesanía propia y ajena. Así laten las ciudades de verdad. No se puede medir una ciudad por el número de sus habitantes; es una anotación impía. Hay que hacerlo con el termómetro de la vida ciudadana que es, definitivamente, quién llevará la batuta de la madurez de sus gentes.
            Mañana se inaugura el Festival Arco Atlántico. Pero hay algo nocivo, que huele mal y no es moralista. Pongamos que hablo de música, que diría Sabina. Porque en esta vida hay que ser más decente que los decentes. No sirven palabras bonitas, ni justificaciones de toda clase y condición. No. En política, si me apuran, uno aún debe ser más santo que los santos. La auto contratación en tu propia casa no es ética. Rezuma mugre por todos los poros. Y las justificaciones son baldías. Si la idea del festival es más que atractiva por su contenido y su originalidad, no es legal ni serio, ni sensato lo demás. Si es trascendental, y aplaudo el giro que se está dando ante determinados fastos ciudadanos, otro tipo de comportamientos y actuaciones son vergonzosas, y merecen la reprobación de la ciudadanía. Y esto tiene un único caldo de cultivo: para estar en política hay que ser serio, honrado, y profesional. De lo contrario, lo mejor es coger tu guitarra (nunca mejor dicho), y marchar a otra ciudad en la que no te conozcan. Al menos hasta que te conozcan podrás hacer y deshacer a tu antojo, y creerte que eres el Rey del Mambo. ¡Vas listo!
            Sigo caminando. Y me congratulo de vivir en la ciudad de que vivo, a pesar de algún músico reconvertido. Caminando de regreso a casa, observo que una sombra sigue mis pasos. Es el fantasma de De Guindos. Le doy un manotazo y sigo disfrutando de una ciudad que, volcada al mar, es capaz de convertir cada verano en una explosión de eventos a cual más atractivo. Me tomo una sidra para festejarlo y sigo caminando. Es el verano gijonés. Mi verano. No se lo pierdan. Disfrútenlo.

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