jueves, 5 de julio de 2012

¡Semana Negra de Gijón... y vamos a por la 25ª!


            En un momento tan ácido como el que atravesamos, lograr que la vigésima quinta edición de la tan cacareada Semana Negra de Gijón arranque resulta, de entrada, de un mérito espeluznante. Pero si a esto añadimos la ‘empatía’ de los dirigentes municipales con el festival, viene resultando que en el diccionario de la RAE no se encuentran calificativos para definir la hazaña épica.  Mis loas a quién logró tal gesta.
            Cada año el verano gijonés arranca con la llegada a esta villa del famoso ‘tren negro’, en el que autores, ilustradores, editores, periodistas, traductores, libreros, y fotógrafos, encabezados por Paco Ignacio Taibo II (en adelante PIT II) desembarcan en la villa de Jovellanos para cincelar diez días gijonudos a base de literatura, libros, música, crítica social, periodismo, cine, y fritangas varias.
            También es tradicional que los prolegómenos de esta cita literaria estén repletos de acusaciones, denuncias, réplicas, descalificaciones, y batidos diversos engalanados con aromas políticos que no sirven de nada, ni en el fondo ni en la forma. En Gijón todo el mundo critica este festival, lo veta y lo repudia, mientras todos pasamos por el recinto y asistimos a alguna de sus mesas redondas, compramos algún libro y nos sumergimos en la marea a fritanga a rítmo afro, comiendo un buen pulpo. Este escenario ya es habitual en Gijón y forma parte de su idiosincrasia. Forma parte del fariseísmo humano.
            Que nadie se llame a engaño. Veinticinco años son veinticinco años. Un cuarto de siglo. Para algunos, media vida. Tela. ¿Alguien me puede dar el nombre de otro evento de similares cimientos que haya aguantado contra viento y marea un cuarto de siglo? ¿Alguien puede darme el nombre de una ciudad del mundo que sea epicentro de la literatura a nivel mundial durante diez días? Ambas respuestas son, por sí solas, la justificación mejor argumentada para que mañana los gijoneses volvamos a vivir la semana más larga del año con la misma ilusión alegría, participación que hace un cuarto de siglo.
            Por supuesto que no es fácil celebrar un evento de estas características sin tropezar en polémicas, diatribas, y palanganeos varios. La Semana Negra de Gijón es única en su especie. El inigualable PIT II ya se refirió a ello en varias ocasiones.
Considero que estamos ante un modelo único, y como tal hay que preservarlo antes que ojeadores de otras partes del mundo lo confisquen. Pero también es verdad que, como todo en esta vida, de vez en cuando es importante una revisión, una puesta a punto. Un chequeo es recomendable para todo hijo de vecino. También para este festival. Seamos autocríticos, que ello no es perjudicial para la salud. Al contrario. Pero es importante diferenciar y clarificar. Si bien es importante hacer una parada en la vida y reflexión acerca de lo alcanzado, de lo que se es y a dónde se aspira, de los medios que tenemos y de los que podemos alcanzar, no menos importante es mentalizarse de una vez por todas que este evento convierte a Gijón en la capital literaria del mundo durante diez días con los beneficios económicos, sociales, mediáticos y culturales que se mecen en este entorno. Por este motivo, por todo lo que genera la Semana Negra, por lo que implica para la villa de Jovellanos esta cita anual debemos ser serios, mimarla, contemplarla y conservarla.
            Una asidua al evento, la escritora y periodista Cristina Fallaras señalaba hoy en su blog que un festival único hace único al festival que lo acoge. Muy cierto. Para muestra un botón. Entreténganse estos días en buscar las noticias que aparecen en la red relacionadas con la Semana Negra y con Gijón. Si nos atenemos a ediciones pasadas, Gijón apareció en los medios de comunicación más variopintos del mundo: desde Estados Unidos a Rusia, pasando por Filipinas, o Guyana. ¿Dónde, cómo, cuándo, por qué? Que cada cual se responda en este espacio o en su alma.
            Y qué me dicen del cónclave de autores cómo Lorenzo Silva, Juan Gómez Jurado, Charles Masson, Jerónimo Tristante, Elia Barcelo, Fernando Marías, Juan Ramón Biedma, Kim Newman, Ian Watson, Alfonso Mateo-Sagasta, Marcelo Luján, Ana María Matute, Pedro de Paz,  Juan Bolea, Andreu Martin, Juan Madrid, o Peter Berling, entre otros muchos de los que estos días participarán, de una u otra manera, en esta cita literaria. Lo más granado del mundo mundial de literatura policiaca, de ciencia ficción, de cómic o de fotoperiodismo. Casi nada.
Estamos hastiados de contemplar la imagen de algunos escritores rodeada de una corona de divinidad cultural y literaria esencialmente fétida. Escritores que, al abrigo de una vulgar imagen, se encuentran alejados de sus autores, a los cuales les resulta materialmente inaccesible llegar hasta su escritor de cabeza. ¿Cómo yo, que soy un preclaro autor me voy a acercar hasta los lectores que no alcanzarán jamás en su vida la riqueza cultural y literaria que yo poseo?  En la Semana Negra esta imagen se desconoce. Se repudia. Produce alergia, estertores diversos y vómitos vespertinos. Resulta habitual encontrar en cualquier rincón del recinto un autor charlando con sus lectores, atendiendo a algún medio de comunicación, firmando ejemplares de su última obra o, sencillamente, tomando unas cañas con unos colegas, a la vez que reciben a quién quiera saludarles y comentar lo que sea acerca de su obra. La proximidad del lector con el autor es otra de las muchas comodidades que ofrece este encuentro literario. Para PIT II este festival se sustenta sobre un pilar: el libro y el churro. Dicho de otro modo, es perfectamente compatible, y saludable, leer un libro mientras devoras un bocadillo o simplemente te das un buen hartazón de churros.
Al hilo de esto. En cierta ocasión un periodista hablando de objetivos, le preguntó al propio Taibo si se había cumplido el objetivo de aquella edición. Taibo, ágil entre los ágiles, entró al trapo. Si un visitante de los que acudían a la tómbola o a la feria se paraba en la jaima de alguna librería y compraba un solo libro, el objetivo de esa edición de la Semana Negra estaba más que cumplido, y su presupuesto fundamentado. Éste fue durante tantos años su prioridad: acercar la literatura al público. Él mismo lo dice muy claramente: Los lectores son los únicos que tienen conciencia critica. Otro objetivo por el que luchar. En estos momentos de ansiedad social, económica y cultural, la lectura es la mejor pócima que existe. Incentivémosla, por favor.
A primera hora de la tarde de mañana arranca un festival literario excepcional. Comenzará, como mandan los cánones, rodeado de odios y pasiones propias y ajenas, y dará brillo y esplendor a Gijón durante diez días. Lo catapultará en el mapa. Muchas razones por las que nadie debe arrebatar a Gijón la posibilidad de albergar un evento único en su especie a lo largo y ancho del planeta. Aunque Cristina Fallarás los repudia, espero que los lechuginos pasen por el recinto semanero y aprendan algo de cultura. Les vendrá bien. El hábito no hace al monje.
Como de costumbre, diariamente les contaré cómo es el discurrir de la Semana Negra de Gijón. Como de costumbre, llamaremos las cosas por su nombre, aunque cierto músico esté ciego y sordo. Qué lástima. Qué pena.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo lo que sea cultura, y aguante como bien dices 25 años, es síntoma de que un país (en este caso un principado), no está muerto del todo. En estos tiempos en los que todo se simplifica en una nintendo para los niños, el placer de abrir un libro, aunque sea delante de unos churros o unas porras (salvo las de los mosos), es buenos. Puede que España al menos sea reconqauistada de nuevo para la cultura y la sabiduría, y puede que de nuevo sea a partir de un territorio mágico que se encuentra allá por las Montañas de Covadonga. Abrazos azules a todos y multicolores al autor de este blog.

House dijo...

Gracias por esos abrazos azules que se notan y traspasan (como las compresas). Pero lo cierto es que este año la Semana Negra tieme más mérito que ningún otro año de su dilata historia.
Sacar adelante un festival como éste, sabiendo que el enemigo está en casa tiene un valor añadido incuestionable.
Otra cosa bien diferente es que, como todo en esta vida, la Semana Negra necesita una autocritica. Valorar qué funciona, mejorar aquello que se pueda mejorar y, lógicamente, suprimir lo que no sirva o esté rancio. Pero esto simplemente se trata de un ejercio de salud mental.
La Semana Negra debe continuar y nadie, músico o no, debe atreverse a extrangularla.
Una catarsis la hará más ágil, funcional y, si se me apura, más moderna.

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