lunes, 9 de julio de 2012

Tres mosqueteros en la Semana Negra


Hoy es lunes. Como cualquier lunes, hoy en la plaza (como llaman a los mercados en mi tierra) no hay pescado. Y en Gijón hoy no hay sol tampoco. Está en huelga; a él también le afectan los vaivenes de los mercados y los bufonazos de la alemana ésta; sí, hombre, ya saben a quién me refiero, quién es, en dónde vive y a qué dedica el tiempo libre.
Pero a pesar de tan maravillosa coyuntura meteorológica, estamos en la Semana Negra, pese a quién le pese. Un festival perfectamente compatible con otras zarandajas, como el Festival del Arco Atlántico que no sé qué estreñido se acaba de sacar de la chistera por no decir de otro lugar un tanto indecoroso, pero especialmente semanero.
Estamos en Semana Negra, insisto, y por ello es recomendable utilizar el transporte público para moverse por una ciudad que, aunque es manejable, comienza ya a tener sus problemas circulatorios. Al subir al autobús, observo al final del mismo un grupo de preadolescentes creyéndose los reyes del mambo. Pretenden cortejar a unas chatinas que resultan tan imberbes como los primeros. Si ésta es la juventud de un futuro más o menos próximo, apañados estamos con tanto yogur desnatado y mal batido.
Cuando accedo al recinto semanero observo al fondo tres tipos que, al verlos, parece que estoy contemplando el rodaje de una escena del Chicago de los años 20. Los tres portan una perfecta indumentaria de color negro: camisa, pantalón y alpargatas. Para completar la escena llevan gafas de sol y una chupa de cuero con las mismas tonalidades. Todos ellos con la cabeza rapada o seudo rapada. Al verlos tengo la sensación de que estoy ante tres matones de cualquier politicastro de última hora. Sí, hombre, de estos que tanto abundan, y que sirven para todo: desde presidente de una diputación provincial hasta delegado del gobierno que no usa coche oficial. Siempre va a lomos de alguno de los muchos jamelgos de su propiedad. Claro, que también puede ser que estemos ante tres matones de cualquier puticlub de carretera, de esos que se iluminan por la noche con luz de un neón incandescente con aroma a orín resecado. Cualquier comparación estaría acertada. Sigo caminando, y me tropiezo de bruces con la realidad más cristalina. No son matones, tampoco son chulos de burdel. Son sencillamente los tres mosqueteros de la Semana Negra, los protagonistas de la tarde: Fernando, Javier y Jesús.
Hoy la vida en el recinto semanero late muy lentamente; las pulsaciones apenas se perciben. El cielo gris y triste obliga a que sea una tarde light y descafeinada. Veo caras conocidas: Bolea, Sabugal, de la Calle, Taibo II. Por la calle de las tapas y las fritangas veo acercarse a Moncho Alpuente. Hablará de su último libro ‘Un maldito enredo’. Los policías y el personal de la Cruz Roja aburridos por falta de curro, se dedican a mirar el pobre paisaje femenino que va y viene por esta calle y por la otra, por aquella carpa y esta jaima. Todo está yermo, plano, como el cerebro de alguno de esos que se creen que son algo y mandan mucho, y en realidad son unos cantamañanas de tres al cuarto que cuando mañana dejen su puesto de responsabilidad, Dios se olvidará de ellos. Si Dios hará eso, imagínense que no haremos el resto.
Me doy una vuelta rápida por los chiringuitos de las librerías. Poco ambiente. Venta escasa, supongo. Es de suponer, todo está bastante achuchado. Hastiado por el aburrimiento semanero decido poner pies en polvorosa. Antes de abandonar el recinto, me doy una última vuelta para ver cómo está el patio. Todo sigue igual menos un pequeño detalle: los tres mosqueteros: Si cuando llegue al recinto, Fernando Marías presentaba la obra de Javier Márquez, ahora el ilustre Marías presenta la obra de Jesús Lens. Si primero fue en la carpa de encuentros, ahora es en A Quemarropa. Al acabar, nuestros queridos mosqueteros homenajearán a uno de los grandes del cine que marchó: Ernest Borgnine.
Esto es la Semana Negra… y sigue. Otro cuarto de siglo al menos. Al llegar a casa me entero de que Draghi pide a los países recortar gastos y no subir impuestos. Comienzo a zapear, y me entero de otra parecida. Fátima Báñez niega que desde su ministerio saliese información del ERE del PSOE. Esto es demasiado… Apago el televisor, y busco un libro para leer. Gracias a la Semana Negra tengo más opciones para leer. Me gusta.

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