viernes, 24 de agosto de 2012

Charo y sus muchachos...


Muchas veces ponemos al caer de un burro al primero que se nos cruza por delante sin tener una base argumental sólida. Voceamos como arrabaleros en cualquier mercado de pueblo sin considerar que quizas nosotros seamos los que verdaderamente estamos equivocados. Eso es frecuente cuando nos referimos a los pandilleros quinceañeros que frecuentan nuestras calles. Pero con frecuencia la realidad difiere notablemente.
El otro día se cayó una anciana solitaria en su casa. Por su peso y dificultades físicas era imposible que pudiera levantarse por sus propios medios. Empezó a pedir auxilio y afortunadamente la ventana de su cocina estaba abierta. Un grupo de chavales, blackberry en mano, estaban en la calle intentando guarecerse de este insigne verano gijonés. Al principio no se dieron cuenta de los gritos de auxilio hasta que uno de ellos gritó: ‘¡Es Charo!’. La mujer desde el suelo el suelo de su cocina les contó a los chavales que se había caído y no podía levantarse. Ellos, en un más que demostrado ejemplo de civismo, solidaridad y buen hacer, no se lo pensaron dos veces y avisaron a la Policía, que de inmediato se personó en la vivienda sin poder acceder a ella. Avisaron a los bomberos y en pocos minutos, el problema estaba resuelto y la mujer sentada ya sobre una silla. Los servicios sanitarios también personados en la vivienda de la buena mujer decretaron el traslado a un centro sanitario para realizarle un chequeo y descartar cualquier lesión que pudiera existir. Durante todo el tiempo que duró la odisea los chavales no se movieron de las inmediaciones de la vivienda de Charo. Cuando salió de su casa sobre una camilla, los chavales se ubicaron a ambos lados de las puertas de la ambulancia, y le hicieron la ola mientras le hacían pasillo.
Charo, a la que todos conocían por ser una mujer muy conocida por todas, sonrió desde la camilla y les dijo: ‘No os preocupéis, estoy bien’.
Esta es una imagen real de la verdadera juventud que tenemos. Como decía antes, solidaria, civica, humana… Ovejas negras las hay en todos los lados. De igual modo que proliferan los malnacidos y los babosos, pero estos chavales hicieron una gran obra buena.
No así  los sobrinos de Charo que, al avisarles la Policía de lo sucedido,  preguntaron a qué hospital la iban a trasladar porque se acercarían ellos por allí. ¿Se acuerdan de la frase de Federico Trillo? Pues eso, manda huevos. Y luego somos tan hipócritas que vamos censurando a la juventud…

1 comentario:

makinain dijo...

Pésimo estilo narrativo. Mis más sinceros deseos de que mejore pronto. Saludos cordiales.

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