jueves, 11 de octubre de 2012

El confinamiento de Jorge



Las últimas horas del día las suelo utilizar en recorrer las redes sociales, y echar un vistazo a diferentes medios de comunicación digitales. Esta noche no fue una excepción. Y a punto de plegar velas, leo en Facebook una denuncia ciudadana de una mujer. Es la madre de Jorge, un alumno del colegio Eulalia Álvarez Lorenzo de Langreo. Según cuenta, su hijo, que padece una discapacidad física que le obliga a utilizar una silla de ruedas, iba a desplazarse junto a sus compañeros de clase hasta Madrid durante cuatro días para realizar el tradicional viaje de estudios. Pero suspendieron el viaje.
Según parece, alguna mente docente roñosa y mezquina ha optado por esta estúpida medida. ¿Por qué? La argumentación que aluden resulta tan barriobajera como amanerada. Dicen que llevar a Jorge, retrasaría el rítmo del viaje porque él no puede llevar el mismo rítmo que sus compañeros. ¿Y? Quién decidió esta payasada tampoco tiene el mismo nivel intelectual que otros docentes. Aluden a que en los lugares que tenían previsto visitar (el estadio Santiago Bernabeu, el zoo, el delfinario o el teatro), él no los podría visitar. ¿Me quieren hacer creer que estos espacios no están adaptados para el acceso de discapacitados? Señores profesores: esta adaptación es obligatoria por ley. Gilipolleces, las justas, por favor.
El cúmulo de despropósitos es inmenso. No permiten tampoco que a Jorge le acompañe su madre, ni una tía, que es educadora. Pero tampoco autorizan a que le acompañe un cuidador titulado porque, según estas ilustres mentes, el niño puede sufrir abusos sexuales al tener que ser ayudado por  el propio cuidador para su aseo personal. ¿Ustedes conocen el significado de la palabra ‘profesional’? Aplíquenlo. Sería beneficioso para su higiene mental.
Es probable que Jorge, que padece una enfermedad degenerativa, no pueda realizar ningún otro viaje en su vida. Y éste, que podría ser la oportunidad de conocer un mundo diferente para él, se le condena al ostracismo y a una injusticia social manifiesta, aderezada con toda la alevosía y premeditación que se puede.
Los enfermos crónicos y discapacitados también tienen derecho y obligación de disfrutar de los placeres de la vida: de un viaje, de una comida, de una compañía. Será con limitaciones, por supuesto, pero sus restricciones no tienen que confinarles para siempre, ni son un obstáculo para que puedan vivir en sociedad, disfrutando de los pequeños placeres de la vida. Además, este tipo de actividades para ellos tienen un valor muy significativo: posibilitarles una igualdad de oportunidades. Jorge será consciente que posiblemente no pueda subir en globo o hacer surf, pero, ¿por qué coño no puede disfrutar una tarde en el zoo madrileño o visitando la casa de sus posibles ídolos: CR7, Benzema, u Özil? Creánme si les digo que estoy intentando encontrar una  explicación, pero no la encuentro. Los argumentos de los profesores son, básicamente, vomitivos.
Para Jorge, el hecho de compartir actividades con sus compañeros de clase más allá de los cuatro muros del colegio, es darle vida a su vida. Es permitirle disfrutar de la compañía de sus amigos, y disfrutar viajando. Y eso, entérense señoritingos de tres al cuarto, es una dosis de optimismo, de esperanza y de alegría que no tiene precio. Es el mejor tratamiento que se le puede ofrecer: un tratamiento totalmente alejado de los crueles efectos secundarios que dejan los antinflamatorios y los corticoides. ¿Habían pensado en esto? Pues piensen…
Termino. Antes quiero enviar un mensaje a la tribu de ignorantes que ejercen la docencia en este colegio langreano. Afortundamente tiparracos como vos hay pocos. La mayoría de nuestros docentes son profesionales de la educación bien preparados desde un punto de vista académico, pedagógico, cultural y social. Pero con esta actitud tan zafia mancharon la imagen de los docentes asturianos. Sólo deseo una cosa: que mañana un hijo, un hermano, o un primo de un bárbaro de éstos se vea en una situación similar a la de Jorge. Espero que sean tan justos y tan equilibrados como lo fueron con él. Mientras eso ocurre, hay cantidad de profesores con una amplia experiencia y brillantes CV que forman parte de los archivos de los Servicios de Empleo Público. Como dirían Juan Echanove e Inmanol Arias, estamos en un país para comérselo. Cierto, muy cierto.

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