domingo, 14 de octubre de 2012

Las tonterias de Artur Mas



El pasado viernes en España, también en Catalunya aunque le duela al señor Mas, se celebró el Día de la Fiesta Nacional, una efemérides que este año vino remojada por los caldos rancios y descafeinados que el propio Artur Mas intentó vender sin que le compraran siquiera el envoltorio.

Esta polémica ha intentado destapar de nuevo la caja de los truenos de la unidad nacional. Pero de nada sirvió tampoco. Nuestra Constitución se ocupó de acallar las voces disparatadas y desvariadas que llamaban a una secesión de Cataluña. Nunca en tan poco tiempo se oyeron y se leyeron tantas estupideces.

Como de costumbre, el día 12 de Octubre se reunió en Madrid a las Altas Instituciones del Estado, junto al Gobierno, y los Poderes Legislativo y Judicial para celebrar los fastos de rigor. Ya es tradicional que el President de la Generalitat no asista. No importa, aunque debería. Habría que recordarle que, cuando hace unos meses Catalunya pasó un mal momento, él no se dirigió a las autoridades europeas para pedir auxilio. Lo hizo al Gobierno de España. Lógicamente.

En una situación tan delicada como la actual, en un momento tan critico como éste, el hecho de que Catalunya lancé un globo sonda clamando por su independencia importa poco, máxime cuando todos sabemos que en el fondo de la cuestión, es un porcentaje mínimo de la población catalana la que opta por esta vía. Los sensatos, los equilibrados se sienten catalanes, naturalmente, pero también españoles. No podía ser de otra forma. Es un sentimiento lógico, sentirse de la tierra en la que viste la luz del mundo pero también sentirte orgulloso de tu nacionalidad. Mientras no tengamos un sentimiento único como país, con nuestras diferencias territoriales lógicamente, andamos descarriados.

Por eso, para el Gobierno de Rajoy me da, como dijo el propio Príncipe Felipe el pasado viernes que “Catalunya no es un problema”. Los problemas son otros más graves y que  el propio Presidente Mas no ve ni siente ni padece. Problema es, por ejemplo, la familia castellanomanchega que, con dos hijos discapacitados y el padre de familiar también discapacitado y enfermo con un cáncer término, comprueba cómo le recortan la ayuda a la dependencia. Problema es esa otra familia, que ha visto cómo de tres miembros dos se encuentran en el paro y el tercero es un discapacitado dependiente. ¿Sigo? Creo que no es necesario.

Como verán, estos sí son problemas urgentes que requieren una resolución ágil y efectiva, aunque a la hora de la verdad, desde La Moncloa también padezcan un acusado grado de miopia sordera.

Las tonterías de Artur Mas habrá que dejarlas para otro momento. Ahora lo que urge, lo vital, lo importante es resolver cuestiones como las citadas anteriormente y otras similares que suponen el día a día de millones de familias. Y lo oportuno sería que todos, también el propio Mas, arrimarán el hombro porque entre todos se resuelven los problemas más fácilmente que entre dos solos. Pero si el señor Mas no quiere arrimar el hombro, no importa. Al menos, le agradeceríamos que no incordiara ni pusiera palos en la rueda. Algo es algo.

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