jueves, 13 de diciembre de 2012

«Este santo no merece tantas velas»



Aún me dura el estupor, el cabreo, la indignación y la mala hostia que me ha producido leer en la edición de hoy de El Comercio que el Gobierno del Principado de Asturias ha comprometido en los próximos presupuestos del año 2013 la módica cantidad de un millón de euros para el circuito y museo Fernando Alonso. Una ostentosa falta de respeto hacia los ciudadanos que lo están pasando mal y para aquellas entidades que no dan abasto para acoger a quién se encuentra cada vez más paupérrimo.
            El hecho de que un tipo sea bicampeón del mundo de automovilismo creo que no implica que su gobierno regional tenga que soltar la pasta para crearle un oratorio dónde sea venerado e adorado por sus fans. No se olviden que, en definitiva, estamos ante un personajillo de arena que, más pronto que tarde, le llegará su ocaso, y pasará al ostracismo. Como otros.
Pero dejando a un lado los santuarios de tres al cuarto, tabernáculos con aromas a ego rancio y maloliente, lo cierto es que me parece un despropósito inconmensurable prender tantas velas para semejante beato de pacotilla. Diría mi madre, y yo suscribiría: «Este santo no merece tantas velas». Todas las madres son sabías; la mía no era una excepción, no es. He ahí un ensayo.
Resulta vomitivo observar cómo se lapidan miserablemente ciertas partidas presupuestarias de forma soez, desbaratada, y fétida. Estamos hastiados de oír hasta en la fila de los aseos públicos que nuestras Administraciones Públicas no están para grandes dispendios, ni para obras faraónicas. Más bien, al contrario. Es momento de sobriedad. Pero me da la sensación que no lo es para el Gobierno de Javier Fernández, mi Gobierno. Después de los nueves meses de desgobierno de su predecesor, en su día me alegre al saber que Asturias iba a tener una estabilidad política, institucional y administrativa tan necesaria en épocas de crisis. Pero así no se gobierna.
Aprovecharé este espacio para hacer una invitación a dos personas. Me refiero a Javier Fernández, Presidente del Gobierno del Principado y su Consejera de Educación y Cultura, Ana González. Les invitó a que cualquier mañana se den un paseo por la  Cocina Económica de Gijón y  por el Albergue Covadonga, por ejemplo. Sería interesante que comprueben cómo está el patio: las riadas de gente que a diario llaman a la puerta de estas entidades pidiendo un plato de comida, una ayuda para insertarse en la sociedad, o, lo más grave, pidiendo permiso para poder ducharse y asearse, porque ya perdieron su dignidad como individuos. Tanto el Presidente cómo la Consejera sabrán lo que vale un peine cuando vean, por ejemplo, que la mismísima Cocina Económica de Gijón cada día tienen que hacer malabarismos para dar de comer a casi seiscientas personas. Seiscientas. Sí, oyeron bien. Entérense, por favor, seiscientas.
Y cuando se les caiga la cara de vergüenza al comprobar esta realidad de su ciudad, entonces se trasladen hasta un determinado hospital de la misma ciudad y observen en qué condiciones se están realizando algunas investigaciones médicas: casi sin medios, de forma altruista y sorteando los efluvios gastrointestinales que algún encargado bastante torpe se empecina en derramar para que esos investigadores no consigan llevar a buen puerto su trabajo científico.
Les aseguro que con el millón de euros que el Gobierno de Asturias destinará a circuito y museo Fernando Alonso se pueden paliar las necesidades de muchos individuos de nuestra ciudad. Ya no digamos qué podría hacer un investigador con esa cantidad de dinero, sobre todo si hablamos de investigaciones que buscan algo tan sencillo y lógico como es intentar curar ciertas enfermedades crónicas y degenerativas.
Se ha equivocado el Gobierno de Asturias. Su decisión resulta raquítica, podrida y nauseabunda. Desgraciadamente ha quedado bien expresado el hecho de que nuestros políticos gobiernan a pie de despacho. No a pie de calle. ¿Y luego se extrañarán de la opinión que tienen los ciudadanos de ellos? Se la ganan a pulso. A diario son trapecistas de la política, y hacen prestidigitaciones con el dinero público, sin darse cuenta que esas tropelías artificiosas y toscas, terminan pasando factura en las urnas. Tomen nota. Les vendrá bien, y si rectifican se lo agradecerán muchísimas personas.

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