lunes, 14 de enero de 2013

Casposos, tiñosos y gilipollas



            Ciertamente hoy debería hablar acerca de “El Lago de los cisnes” que vi el pasado sábado, y que me pareció un musical bastante bueno si no hubiera sido por la ubicación que teníamos en el propio teatro y por otros elementos que en tiempo y forma analizaremos, desmenuzaremos y lógicamente, colocaremos en su sitio. El que les corresponde. Uno se cansa de observar cómo hambrientas sesentonas, que destilan caspa y roña, van al teatro con un sólo objetivo: un poolvo rápido, y si es con alguien treinta años más joven que ellas, mejor. Vi a un grupo de artríticas vejestorias que, ya habían pasado media tarde desnudando con los ojos a todo hombre que pasaba en su área de influencia. Parecían recién salidas del puticlub de la carretera en busca de carnet fresca. Para todo en esta vida hay un tiempo y un lugar, y hay cosas que están  fuera de contexto. Pero insisto, de este tema nos ocuparemos en los próximos dias.
            Me reitero, hoy actualidad manda. Uno ya tiene muchos años para aguantar a los noveles casposos. tiñosos y gilipollas. Y no me refiero a los creadores que algunos de ellos merecen mucho respeto. Me refiero a otros noveles, una piara de empresarios noveles cantamañanas y sus respectivas concubinas, asiduos de las redes sociales, lenguaraces intrépidos de tres al cuarto que caminan a lomos de corceles de vanidad, egos, apellidos, ignorancia y arrogancia nauseabunda. Son unos niñatos baratos y descafeinados que, gracias a los paraguas de esos apellidos, creen que su responsabilidad es su cortijo. Hacen y deshacen sin oficio ni beneficio, sin coherencia y sentido. Y lo más grave, a espaldas del dueño de la hacienda que no se imagina la manada de hijos de puta que tiene en puestos de responsabilidad.
            Para mandar hace falta saber mandar. Estamos en un país en el que el porcentaje más alto de idiota ocupan mandos intermedios en las empresas. Es un cáncer que hay que cortarlo a tiempo, pero sin tratamientos de ninguna clase. De raíz. Para solucionar esta plaga existen dos soluciones, dependiendo del sexo de los consabidos casposos. tiñosos y gilipollas: si es él, lo oportuno es que tome dos piedras, una en cada mano, y golpee con alegría sobre cierto miembro de su cuerpo. A ver si con el dolor le  entra gusto. ¡Qué falta le hace! A ella, una recomendación: ¡Cuidado! Quien tiene a su lado sufre de gonorrea mental y física. Y en este mundo todo se pega, especialmente blenorragia que algunos padecen entre las piernas.
          Ya estoy hartito. Muy hartito de ver cómo dos niñatos procedentes del edulcorado mundo de yupis que produce ser hija de papá y un imbécil consumado intentan amargar la vida a sus subordinados. Aquí los únicos que mienten son ellos, que durante el día se dedican a joder a quién pueden y no pueden hacerlo a quién quisieran. Y ya no digamos por la noche, porque no lo harán ni siquiera con el palo de la escoba.
            La verdad es única. Y lo cierto es que en esta vida hay que tener estilo para todo. También para acosar a los demás. Y ellos desconocen lo que es el estilo. Como los mulos, sólo saben relinchar. Una recomendación final. Decía el doctor García-Andrade que en esta vida todo el mundo tiene un límite que, una vez traspasado, el individuo ya no es dueño de sus actos. Es una realidad innata que tenemos que todos los individuos. A la pareja de pretensiosos adolescentes les recomendaría que no lo olvidasen. Mejor prevenir que curar.

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