martes, 22 de enero de 2013

El editor fulero



Ayer llegó a mis manos un artículo que un tal Cesar Leo Marcus había publicado en Huffpost Voces relacionado con la edición y el mundo de los autores nobeles y noveles. Lo que desconocía este tipo es que escribiendo la sarta de tonterías que escribió estaba tropezando con un argayo en el camino.
Para empezar he visto en Facebook que su editorial, Windmills Edition, en los últimos tres años han publicado más cuatrocientos títulos de casi doscientos autores en veintitantos países. El caldo empieza a hervir. Pero, ¿qué me están contando? ¿Quién es capaz de editar cuatrocientos libros en tres años? Vamos, esas tiradas no las alcanza ni la hoja parroquial. Menos todavía una editorial. Los primeros borbotones del mojé empiezan a bullir. Leo en algún de portal de Yahoo que algunos autores noveles preguntan por esta editorial. Nadie proporciona datos verídicos. Y la duda en torno a su seriedad y profesionalidad es latente.
Este caldo de cultivo, propio de editores fuleros que cabalgan a lomos de corceles de vanidad, egoísmo, desvergüenza y traición, lo aderezo finalmente con el contenido del artículo del Huffpost Voces. Gran despropósito.
Hay que ser hipócrita, aficionado e indecente para escribir lo que este tipo escribió. El espécimen decía que publicaba todo lo que llegaba a sus manos sin más condicionamientos. Hay que ser mojigato (o sea el hermano mayor de los imbéciles)  para pronunciarse así públicamente. Un editor profesional, alguien que de verdad ama la literatura y los libros, tiene que poner barreras al campo, y debe ser profesional hasta en la cama. Un editor puede editar todo lo que le venga en gana, pero editado, no autoeditado para empezar. Para seguir, todo autor comete inconscientemente errores ortotipográficos y de estilo, cuya criba es obligación de la editorial. A ese tipo, nauseabundo y ególatra como él solo, habrá que mostrarle el significado de la palabra corrector. Una novela no se puede editar sin pasar unas correcciones. La calidad es fundamental en todos los estratos de la vida. En el mundo del libro y, particularmente, en el editorial más si cabe.
Como intuyo, este tipo andará persiguiendo a autores noveles (con uve) para sablearlos, o al menos intentarlo. Se ocupará de robarles sus sueños, sus ilusiones y, lo más grave, sus recursos. Tendremos que prevenirnos de ese chacal  inmundo. Como una cucaracha. Y digo que lo intentará porque la red es inconmensurablemente cotilla. No oculta nada. Todo se sabe.
Hay una autora asturiana, que en sus ratos de ocio se dedica a la literatura erótica, porno otrora, que ha denunciado en varias ocasiones este tipo de gestas. Dice que no se puede jugar con el trabajo, las ilusiones, los sueños y el dinero de los autores noveles. Cierto. Urge ya una vacuna anti editores casposos como éste. Apremia la adopción de medidas tácitas que limiten las actividades de estos cuatreros desalmados. Pero de momento nos queda el recurso de la pataleta y de denuncias como éstas. Estamos en la España de Bárcenas. No lo olviden.  A pesar de eso, tengan cuidado este tipo anda suelto y sin camisa de fuerza. Un peligro, vamos.

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