miércoles, 30 de enero de 2013

Farmaceúticas y otras lindezas...



         

                No salimos de una que nos metemos en otra. Hoy nos enteramos que los medicamentos que se excluyeron en un su día del “medicamentazo”, llegaron las farmacéuticas (esas empresas multinacionales que facturan miles de millones al año y los enfermos les importan un carajo) y suben el precio de esos medicamentos en un 125%. Aluden a pérdidas… Como no sea de orina, del resto lo dudo.
                No hay calificativo alguno que justifique el hecho de que un medicamento que antes valía un euro o euro y pico, ahora valga casi cuatro. Y como éste otros muchos casos que no cito, pero de los que nos acordamos todos. No es normal. Y tampoco es normal es que el Gobierno, calle y otorgue. O sea primero recortamos, a continuación, desviamos la vista cuando nos enteramos que nuestro ex tesorero mangonea al más puro “Chicago años 20”, y terminamos esta gesta, permitiendo que la empresa farmacéutica saquee impunemente los maltrechos bolsillos de la población con problemas de salud; o sea de nuestros enfermos y nuestros pensionistas.
                A ver si se dan cuenta de una vez quiénes habitualmente entran en las farmacias no son Barcenas ni Amy Martin. Por el contrario, son (somos) personas con nóminas o pensiones ajustadas, y con graves dificultades sociales, laborales, culturales o sanitarias… Me reitero, no son Barcenas ni Amy Martin. A ver si se dan cuenta de una vez, y actúan en consecuencia, pero me temo que no. Están ciegos ante tanto sobre.
                En paralelo a esta catarsis de sinrazón, nos permitimos el lujo de boicotear el trabajo que desarrollan nuestros investigadores: favorecemos los recortes presupuestarios, prohibimos que se desarrollen investigaciones médicas, derramamos aguas fecales con nuestra propia casa, y no nos importa morir matando, alimentamos la desesperanza para que nuestros investigadores se larguen, y paren las investigaciones. Pero antes de ejecutar estas acciones, facilitamos nuestro número de cuenta corriente para que cuando se hagan contrataciones externas u otros manejos roñosos, a nadie se olvide que a mi me tienen que dar la comisión de turno. O sea poniendo la mano.   
                Estamos llegando al colmo de la chulería y del caciquismo ilustrado. Vivimos en una sociedad, en la que está todo permitido siempre que muestres entre las piernas el carnet de un partido político. Todo vale, todo está justificado, todo está justificado, y todo está perdonado, mientras sean los siempre. Harina de otro costal es cuándo un ciudadano de a pie mete la pata. Decía Victoria Camps que la democracia necesita una virtud: la confianza, y sin ella no existe la democracia. Es un ejemplo de lo que está sucediendo en España. Una democracia caducada. O la reinventamos y comenzamos a caminar como lo hicimos en los albores de la democracia, o esto pinta francamente mal. No nos engañemos, pero hay que dar un giro de timón, y ya. Rufianes, chorizos, politiquillos de tres al cuarto, empresarios facineros, duques sin ética, y demás fauna salvaje que últimamente habitan desde los Picos de Europa hasta Doñana, desde la Costa Brava hasta las Islas Canarias son una demostración de que hemos caído. Ahora toca lo peor. Levantarse, sacudir la basura y el polvo, y reanudar la marcha. Pero desde el principio del camino. Y sin dilaciones. Por el bien de todos.

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