miércoles, 9 de enero de 2013

Gilipolleces, las justas por favor.




El crítico literario inglés John Churton Collins señalaba que en la prosperidad nuestros amigos nos conocen, en la adversidad los conocemos a ellos. Cierto. Es en los momentos más áridos cuando verdaderamente conocemos a nuestros amigos. También a nuestros enemigos. Y en política más todavía.
En la villa de Jovellanos los ediles andan en ascuas. No les cabe la camisa en el cuerpo. El viernes, pleno para aprobar los presupuestos. Pero es necesario tener el apoyo de los chicos de Rajoy. Y en ese patio hay más que palabras. De puertas a dentro la cosa está que arde, y donde dije digo, digo Diego. En Oviedo andan recelosos en eso de apoyar a sus ex. En Gijón dicen que sí más por joder que por convicción. Me da igual. El caso es que el registrador de la propiedad pontevedrés tiene un problema muy serio en Asturias. Y tendrá que resolverlo antes que la bomba le estalle en las manos. Pero esta cura tendrá que ejecutarla evitando a toda costa tiranteces, dimes y diretes entre las dos señoritas de las ciudades. Una y la otra. Tal para cual en el fondo.
Ante esta situación tan convulsa que estamos viviendo en todas las esferas sociales, los gijoneses no podemos consentir que nuestros presupuestos anden a merced de artríticas rencillas partidistas rebosantes de egos, fobias y filias. Gilipolleces, las justas por favor. No estamos para palanganeos baratos. La política municipal no puede estar a merced de que en el seno de un partido se resuelvan problemas enquistados. Las rencillas barriobajeras que se cuecen puertas adentro de los partidos políticos no pueden afectan a la política municipal de cualquier ciudad. Pongamos que hablo de Gijón.
Tenemos que ponernos las pilas y arrimar el hombro en una misma dirección. Pero unidos. Bastante nos intentan separar otros para separarnos nosotros por si solos. Lo dicho, los palanganeos partidistas se resuelven en los partidos. No en un ayuntamiento. En la casa consistorial toca arrimar el hombro. Los ciudadanos no tenemos que pagar peajes partidistas. Y quién intenta utilizar los votos y a los ciudadanos como moneda de cambio hay que llamarlos por su nombre: oportunistas. ¿Queda claro? Pues eso.

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