martes, 8 de enero de 2013

Iñaki Azkuna y el arte de la decencia



            La fundación británica City Mayors acaba de concederle a Iñaki Azkuna, Alcalde de Bilbao, el titulo de Mejor Alcalde del mundo del año 2012. Se trata de  reconocer a los mandatarios que más han contribuido con su gestión pública a sus ciudades.
            Y con la que está cayendo no es fácil otorgar un premio de estas hechuras. Es complicado otorgar un premio de estas características. La clase política hoy está impregnada de roña y óxido, pero Iñaki Azkuna no se ha contagiado. Lleva una trepidante carrera en el consistorio bilbaíno. De entrada ha reconocido que este Premio no era para él, sino para los bilbaínos. Un gesto de humildad.
            Como él ha reconocido, Bilbao está libre de deuda, y eso hoy por hoy no es para este Premio. Es para mucho más. Que una ciudad como Bilbao haya reducido su deuda hasta cifras insignificante es la mejor noticia que cualquier ciudadano puede recibir y percibir. Esta gesta sólo se logra con una gestión adecuada. Y a las pruebas me remito.
            Un alcalde que recibe más de cuatrocientos mil votos de apoyo de forma anónima y ningún voto en contra, ni siquiera una leve apreciación, será por algo. Es un hermoso caldo de cultivo que merece una recompensa. Iñaki Azkuna ha recibido un premio sobradamente merecido. Un galardón que, como él mismo ha declarado, lo reciben sus conciudadanos, y se lo dedica a aquellos colegas suyos, también ediles, que debido a la idiosincrasia del ayuntamiento en cuestión, no disponen de los servicios y la infraestructura de la que dispone el Ayuntamiento de Bilbao. Otra gesta que le honra. En este país de pillos y trúhanes es fácil premiar a un alcalde, a un ministro, o a un senador. Pero siempre por lo contrario a lo que se ha premiado a Azkuna.
            Felicidades a los bilbaínos y una recomendación: cuídenlo y mimen a su regidor. Un ejemplo para muchos, incluso para aquellos meapilas que creyendo buenos e inmaculados, son unos rufianes de poca monta. Porque hasta para ser pillo hay que tener gracia, y en este país hay mucho golfo suelto, con despacho oficial, secretaria, coche y escolta a cargo del ciudadano.  Y en esto no caben ideologías o credo. Simplemente decencia. Algo que escasea entre la clase política española.

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