lunes, 21 de enero de 2013

La clase política



            El pasado sábado viendo el programa de ‘El Gran Debate’ me di cuenta de que estaba viviendo en un país de golfos, en dónde el “y tú más” es el pan nuestro de cada día. De verdad, no entiendo nada. Por favor, qué alguien me lo explique, y clarito a ser posible.
            No comprendo cómo el gerente de un partido político, casualmente el partido que actualmente está dirigiendo alrededor de un 80% de la Administración de todo el país, ha podido enfundarse tres mil y pico millones de pesetas sin que nadie en su partido se haya dado cuenta. Señores: no estamos hablando de diez o veinte millones; estamos hablando de más de tres mil millones. Y luego, estos mismos que ahora ponen cara de póker intentando salir lo más airosos posible acuden a misa diaria, tiene secretaria particular, coche oficial y despacho. Sigo sin entender nada.
            No entiendo cómo ese ‘buen señor’ puede ser el dueño del cortijo de la calle Génova y que todavía se hable de dignidad y decencia en el partido. Pero, ¿qué me están contando? A ver, en una situación de estas características exige una comparecencia inmediata del presidente del partido en el Congreso de los Diputados, en la cocina en dónde se aliñan los Presupuestos Generales del Estado, mediante los cuales se financian los partidos políticos. ¡Qué casualidad! El presidente del partido es el Presidente del Gobierno. Es una situación grave, muy grave, y así lo señaló precisamente en ‘El Gran Debate’ el ex presidente Revilla. Urge una regeneración política y una oxigenación total de  todas las esferas institucionales del país.
            Se me escapa el hecho de que la Presidenta de mi comunidad autónoma hinque sus fauces en las urgencias rurales para ahorrarse no sé qué cantidad de dinero, y luego encarguen una campaña publicitaria que cuesta mucho más dinero que el precio que cuesta mantener esos servicios sanitarios. No concibo que se juegue con la salud de los ciudadanos a la vez que miramos a otro lado cuando el gerente de mi partido se ha llevado dinero sin control de ningún tipo. ¿Y la credibilidad? ¿Y la ética? ¿Y la decencia política?
            Me resulta una falta de respeto absoluta el hecho de que un accidentado por accidente de tráfico tenga que pagar unas tasas para reclamar su indemnización.
            Es un atraco el hecho de que los enfermos crónicos tengan pagar sus medicinas y nos gastemos ingentes cantidades de dinero en campañas publicitarias casposas, mediáticas y obscenas.
            ¿Por qué no se incentiva el I+D+I? ¿Se han dado cuenta que el dinero invertido en investigación es la inversión más rentable desde un punto de vista humano, social, político y económico? Ah, es que en la madrileña calle Génova hay mucha gente ligada a las farmaceúticas, y se les acabaría el chollo. Perdón, no me había dado cuenta de ese detalle tan grasiento.
            Creo que los ciudadanos no merecemos esta pandilla de ladrones, gitanos, chorizos, mangantes y rufianes de poca monta. Para salir de la crisis necesitamos un país en el que poder depositar nuestra confianza en la clase política. Pero ésta que ahora tenemos no nos vale. Está caducada y está desacreditada y fuera de cualquier atisbo, por minúsculo que sea, de confianza por nuestra parte. Es imprescindible una nueva clase política en la que predomine la decencia, el sentido común, la honradez. Como dijo precisamente el sábado el propio Miguel Ángel Revilla necesitamos políticos de vocación. Y apenas quedan. Ni en el PP ni en el PSOE.

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