viernes, 4 de enero de 2013

La "Operación Kilo"



            Hoy finaliza una de las muchas “Operación Kilo” que últimamente se están llevando a cabo en la villa jovellanista por excelencia. Pero ésta tiene unas connotaciones singulares que la convierten en única. Esta Operación Kilo estaba auspiciada por una asociación de enfermos crónicos. No daré nombres de unos ni de otros. La prudencia y la discreción son unos compañeros de viaje perfectos en esta ocasión. En el fondo da igual. Lo que prima  es el fondo. Sobran nombres, aderezos y florituras edulcoradas.
            A lo que iba. He sido testigo de excepción de esta Operación Kilo. Y tengo que darles las gracias a este colectivo porque he aprendido algo muy importante en la vida. Cada día se aprende algo, pero en esta ocasión he aprendido el verdadero sentido de dos palabras: solidaridad y humildad.
        He comprobado cómo enfermos crónicos que, a duras penas pueden con su alma (con todo mi respeto y mi cariño), que tienen graves dificultades de movilidad, en ocasiones de coordinación de movimientos, y otras veces, con gravísimas afectaciones neurológicas sacan fuerzas de dónde no hay para cargar una bolsa de alimentos destinados a esta “Operación Kilo” que ha organizado su asociación. Han mostrado su rostro más humilde y más solidario, importándoles poco (o nada) sus graves dificultades de movimiento, o sus carencias neurológicas o musculares. Concretamente recuerdo a un señor con graves dificultades para caminar, que necesitaba la ayuda de dos bastones, cómo se presentó con una bolsa que, por su peso, podía contener 4 ó 5 kilos en alimentos no perecederos, junto a una botella de aceite de oliva. Al ver la forma en la que se presentó en la asociación, casi exhausto y prácticamente arrastrando los pies, el Presidente de la misma, después de agradecerle el gesto, le recriminó el hecho de no haberles avisado para que la furgoneta asistencial hubiera pasado por su domicilio a recogerle. El hombre, mientras se recostaba sobre una silla, le contestó: “Pero si venís a recogerme, ya no tiene mérito.  El mérito es mi esfuerzo. Yo casi no puedo andar, pero afortunadamente puedo comer y cenar a diario… Otros no”.
         Creo que las palabras de este buen hombre deben poner el punto de arranque a este nuevo dia. Sobran anotaciones a pie de página.

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