lunes, 7 de enero de 2013

Nadie es más que nadie



         He regresado ya. Estos viajes son relámpagos. Dar una vuelta, comprobar que todo está en orden, y vuelta al tajo. Estos próximos meses prometen.
            Sentado, descansando de la paliza de kilómetros que me he metido entre pecho y espalda, he terminado “Nadie es más que nadie”, de Miguel Ángel Revilla. Un acierto de Espasa. El volumen, como su autor, es transparente. Alejado de barroquismos raros, el autor llama a las cosas por su nombre. A veces, entona el mea culpa. Otras, pone al hilo a quién cree oportuno siempre bajo argumento más que evidenciados, como su queridísimo “pisapuros”, hoy convertido en ilustre prócer cántabro. En otros casos, reflexiona en voz alta, y comparte esas meditaciones con los lectores. Sea como fuere que  Ana Rosa Semprún tuvo una idea pletórica cuando se empeñó en que Revilla escribiera este libro. No cabe duda de que es la forma, única y singular, de conocer cómo es, cómo piensa, qué sienta el que durante varias décadas fuera Presidente de Cantabria. Con una lectura ágil, sencilla y cómoda, el lector va desgranando las capas de la vida de este cántabro tan querido desde Unquera a Tapia de Casariego, desde Gijón a los Oscos. No es fácil hoy tropezarte con unas memorias como éstas, narradas desde la objetividad más absoluta, pero a la vez sin que el autor pierda ni un ápice de su idiosincrasia personal.
Recomiendo este libro. Volúmenes de estas hechuras son necesarios para conocer a nuestra clase política. Nos hastían los libros en los que sus autores hablan de sus divinidades, de sus glorias, de sus gestas heroicas. Mucha épica y poca humildad. Esos volúmenes resultan huecos, cargados de grasa, y de pestilencia a triunfos y méritos propios.  
“Nadie es más que nadie” es el libro que todos los cántabros y los no cántabros necesitábamos leer para conocer al hombre, al individuo, al ser humano, que durante tantos años ha acudido en taxi a sus habituales citas en el Palacio de La Moncloa; para descubrir al ser humano, que nacido en el seno de la humilde familia en Polaciones, llegó a Presidente de Cantabria;  para darnos cuenta que detrás de una imagen “popular” se esconde un ser humano que desde sus responsabilidades políticas siempre tuvo el mismo objetivo: Cantabria. ¡Qué cunda el ejemplo!
Es fácil reconocer a los políticos por su fachada exterior. Lo difícil es conocer cómo  son en su dia a día, alejados del despacho y del coche oficial, más allá de su cargo. Pero Miguel Ángel Revilla lo ha conseguido. Y ello ha dado lugar al descubrimiento del ser humano. Ahora es más fácil entender sus decisiones y comportamientos.
Otros, sin embargo, no han hecho estos deberes. Nos hemos quedado con su fachada impregnada de mugre. Una roña que les costará eliminar. No bastará con libros. Será necesario hechos.
A Revilla, sin embargo, le ha bastado un libro. Es lo que le diferencia. Su valor añadido. Lo que le da brillo y esplendor.

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