martes, 15 de enero de 2013

Tanto monta, monta tanto, Candás como Luanco.



            Desde hace ya tres años conozco a dos colectivos muy similares. Formados por diversos y variopintos ejemplos de la especie humana, ambos clanes tienen un denominador común: su pasión por la lectura. Interesante para empezar, atractivo para continuar, y estimulante como definición.
            Pero esto es intrascendente si lo comparamos con el verdadero meollo de la cuestión. Lo más importante es la autonomía que tienen ambos colectivos para ejecutar sus proyectos y que éstos funciones por sí solos sin intervención ni gestión ajena. En reiteradas ocasiones no es preciso que nadie les lleve de la mano. Tienen suficiente conciencia crítica para actuar sin tutela de nadie. Y esto es todo un mérito con el porcentaje de imbéciles que hay por ahí sueltos contaminando el ambiente. Sorprende la opinión crítica que habitualmente mantienen hacía ciertas lecturas y su análisis posterior, de igual modo que llama poderosamente la atención el hecho de que ambos colectivos estén constituidos, en su inmensa mayoría por fantásticos lectores que confieren al encuentro una visión profesional, crítica y objetiva.
            Al abrigo de las respectivas bibliotecas públicas, y con las bendiciones de purpurina y sidra, estos combinados ya son autosuficientes, y no necesitan disciplina alguna para ejercer sus correspondientes responsabilidades. ¿Se acuerdan eso de tanto monta, monta tanto, Candás como Luanco? La vida misma.
            Resulta atractivo observar cómo hablan, debaten y comparten críticas literarias, opiniones diversas, lecturas y demás zarandajas literarias con una perspectiva actual, pero crítica y cultural. Algo no habitual en los tiempos que corren con la fauna ibérica que nos rodea.
            La excusa de la lectura unida al cobijo que produce el concejo es estupenda, pero no deja de ser una justificación empalagosa. Aquí hay otro factor más que importante y que tiene mérito propio: los lazos de amistad que se han solidificado alrededores de los dos clanes. O sea, tanto monta, monta tanto, Candás como Luanco. El hecho de que se hayan generado amistades en diferentes direcciones que den lugar a otro tipo de conexiones siempre es enriquecedor y meritorio. Es importante que la gente tenga otra vida en este contexto, una vida de amistades generada en torno a ésta épica. Estas relaciones, unas maritales y otras pecaminosas, siempre destilan el mismo flujo: la convivencia social y el afianzamiento de las propias amistades. Siempre bajo los criterios sociales típicos y tópicos. Siempre atractivos y loables. Siempre bajo el abanico último de la gastronomía. No lo perdamos de vista. Realizando una severa meditación, compartirán conmigo la idea de que lo que menos importa es el libro. Éste es el núcleo pero las ramificaciones sociales y humanas tienen un valor muy superior. No es el momento de despreciar nada, pero sí de decir las cosas como son. Sin rebajas ni descuentos baratos.
No lo olvidemos: tanto monta, monta tanto, Candás como Luanco. Con o sin libros, que es la coartada perfecta para lo demás ¿Somos conscientes de eso?

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