miércoles, 2 de enero de 2013

Viejos deseos para un año nuevo



            El comienzo del año siempre es un momento para llevar a cabo firmes propósitos. Sin embargo, la mayoría de las veces todo ese cúmulo de intenciones que relacionamos cada día de San Silvestre termina en el baúl de los recuerdos o en el olvido más manifiesto. Y eso sucede por una más que manifiesta falta de voluntad. Decía Victor Hugo que a nadie le faltan las fuerzas; lo que realmente le falta es voluntad. Completamente cierto. 

            Se podrían poner mil ejemplos diferentes, pero no es el caso. Me centraré en uno exclusivamente. Latente. Hay mucha gente que dice que con la llegada del nuevo año dejara de fumar. Llega el día de Año Nuevo y antes que desde Roma nos digan que tenemos que ser buenos chicos, a pesar de que el infierno ya no existe, ya nos hemos metido entre pecho y espalda varios pitillos. Eso sólo tiene un nombre: falta de voluntad. Nos faltan arrestos para ser capaces de ejecutar nuestras propias intenciones. En este sentido, el famoso Luis Rojas Marcos señala: “Reinventarse no sólo consiste en creer en cosas en las que antes no se creía, sino en tener otros comportamientos. Para cambiar de rutinas hace falta tiempo, pero también esa voluntad que solo se posee cuando somos conscientes de que debemos cambiar”.

La voluntad es fundamental en el individuo.  Otra cosa son los éxitos finales, que ya no dependen íntegramente de nuestra decisión. Pero al menos, hay que intentarlo. La intención  es casi tan importante como la voluntad. No nos llamemos a engaño.

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