viernes, 30 de agosto de 2013

El verano gijones



He repetido varias veces en este mismo espacio que el verano gijones es mucho más que un verano de playa, chiringuito, tumbonas al sol o maduritas mostrando manjares. En Gijon, el verano da para mucho. Como regla general, su pistoletazo de salida lo marca el ‘tren negro’ cuando llega a la Estación de Jovellanos. Es el inicio de la manoseada Semana Negra. Arranca el verano.

La famosísima Feria Internacional de Muestras de Asturias es el punto álgido del verano, frontera de la Semana Grande, y su mimada organización, ponen el broche de oro a los veranos de esta villa marinera. Ni los vómitos políticos, ni las castas, ni la lluvia siquiera pueden con el bullicio, la fiesta y el buen rollo gijones; gijonudo que diría alguno...  Pero no termina aquí el estío.  El 'Hípico' y el imprescindible Festival de la Sidra es el mejor colofón para un tiempo que rezuma vida en la calle por toda su alma.

Gijon es un verano eterno, que no entiende de localismos, de dimes ni tonterías varias. En Gijon se disfruta el verano, porque la villa natal de Jovellanos es una ciudad viva, con poderío, ilusión, y, sobre todo, con la sidra como identidad de la ciudad y sus gentes.

Pero también tiene sus sombras. Toda ciudad que mira al mar tiene luces y sombras. Se acaba de prender una mecha indiscreta. La prohibición del botellón en la vía pública. Cierto es que la sociedad, entre sus múltiples obligaciones, tiene que preservar la salud pública.  Hasta aquí nada que objetar. Me parece bien que las Administraciones con competencias en la materia pongan en marcha todas las medidas a su alcance para asegurar la salud pública de sus ciudadanos, porque no en vano las consecuencias de ciertas licencias que se amparan en un falso libertinaje, las pagamos entre todos. Y después de casi cuatro décadas de democracia también ha llegado el momento de que a la tropa de ‘ninis’ se les ponga en su sitio, y entiendan que las consecuencias de sus caprichos absurdos no tenemos por qué pagarlas en el resto de los ciudadanos. A ver si se enteran de una vez.

Esta prohibición tiene que engarzar perfectamente con las tradiciones sociales, el desarrollo económico de la ciudad, y la cultura propia. Dicho de otro modo, la convivencia ciudadana tiene que ser compatible con la tradición sidrera de Gijon, por ejemplo. Y son perfectamente compatibles. Es sencillamente cuestión de voluntad de todas las partes. Asi de fácil. Confío en el buen talante de todos. Gijón lo merece. Y la sidra también.

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