martes, 28 de enero de 2014

Al depredador



Amigo: En la vida hay que ser honesto, honrado y hombre. Tu, lamentablemente, careces de las “tres haches”. No eres honesto ni contigo mismo ni con tu entorno. No eres honrado porque te has vendido al Judas de turno por un puñado de monedas envueltas en el tapiz de la avaricia con la mirada puesta en tu ombligo. No eres hombre porque has sobrepasado una raya que jamás debiste cruzar. 

Pero ya no engañas a nadie. O sí. En el fondo da igual. Ya no importa. Lo que está claro es que en adelante todos jugamos con las cartas boca arriba. El primero, tu porque tus fechorías te han transformado en un hostigador de tomo y lomo cuyo perfil psicológico recuerda al de los psicópatas más famosos de la Historia.

Perdiste tu aureola divina y la canjeaste por un carácter depredador que, lejos de la verdad, sólo has pretendido manejar y arrastrar al grupo hasta al abismo y más allá, tras volcar algunos cadáveres en tu camino. ¿De verdad crees que dejaste cadaveres en el camino? ¿De verdad?

No sabes quién es porque tu cultura es como tu, limitada, pero el Profesor García-Andrade se refería a vosotros como “nuevos líderes no exentos de peligros” de los que había (más bien, hay) que tener un especial cuidado". 

Tienes unos rasgos paranoides que frecuentemente pueden hacer acto de presencia tanto en ti como en tus víctimas. No va ser el caso de que aparezcan en tus mártires. Están a buen recaudo, y vacunados. Las victimas están en cuarentena. Tú, en cambio, no. Eres un pobre diablo, expuesto y sin inmunizar. 

Has hecho demasiado daño. Intentaste decapitar a quiénes dieron todo por ti, a quiénes se comprometieron desde el minuto uno con ese proyecto que tú les pusiste sobre la mesa. Lo hicieron propio. Pero tú, lejos de ver esa realidad, te ofuscaste con palabras de arena,  sonidos vacíos, y crines decrépitas.

Eres de esos depredadores con un superlativo afán de notoriedad con el fin de transformarte en el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro.  Tu sinrazón te ha llevado al precipicio. Pero no das pena. Como dice Ana María Matute, la vida no se queda con nada y siempre pasa factura. Toma nota, por favor. 

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