martes, 18 de febrero de 2014

Bertin Osborne por naturales



La otra noche estaba zapeando cuando aterrice en una cadena de televisión que estaba emitiendo un reality show; sí, de esos que consiguen records de audiencia, pero que al final compruebas que es telebasura pura y dura. 

       En ese programa se hablaba de los tan manoseados recortes, y en el plató estaba Bertin Osborne. Como siempre, sin pelos en la lengua. Le acompañaba la madre de un niño con parálisis cerebral, una gallega que había visto como la Xunta de Galicia había recortado no sólo las ayudas a la dependencia, también las ayudas al transporte de discapacitados, las becas para niños con discapacidad, y no sé cuántas cosas más. 

       El presentador del programa, que sabía perfectamente que este asunto era vital para este sector de la población tan vulnerable y tan devaluado, no pudo por menos que pedirle al cantante su opinión sobre el particular. Y el de Jerez de la Frontera no se anduvo con paños calientes. Con toda la razón del mundo, afirmó que España era un país suficientemente rico y productivo cómo para no caer en la recesión que hemos caído. Pero claro, eso siempre que esta manada de chorizos devuelvan todo lo que han trincado. Hay ejemplos por doquier: Díaz Ferran, Blesa, Fabra, Barcenas, y compañía… Las palabras de Bertin eran las palabras de la inmensa mayoría de los españoles: gentes de bien, trabajadores que no entienden de la prima de riesgo ni de la troica comunitaria, y que únicamente quieren trabajar, vivir en paz y en libertad. 

       Pero no. Parece ser que esta banda de forajidos se empeña en lo contrario. Pongamos varios ejemplos para ilustrar el panorama. 

       Los consejeros de Liberbank que cobraban una más que suculenta nómina de la entidad bancaria, además del subsidio de desempleo. Parece ser que con lo que trincaban en el banco no llegaban a fin de mes.
       Los clubes de fútbol a los que se les condona la deuda, y se les libera del pago de las obligaciones tributarias y fiscales argumentando aún no sé muy bien qué razones legales y publicitarias. 

       La tropa de maltrechos politiquillos de tres al cuarto, que cobran un buen sueldo del partido, otro por su cargo institucional dentro de su Ayuntamiento, Comunidad Autónoma o Administración General del Estado, pero que a la vez no desdeñan la nómina por sus cargos anteriores. 

       Determinados estratos de la Iglesia Católica a la que también se le libera de sus obligaciones tributarias y fiscales. 

       Los jugadores de fútbol, mal llamados ‘estrellas’, que se les permite que no paguen sus impuestos en España y sí en otros países. 

       Las cadenas de radio y televisión que carecen de control de gastos y de ingresos publicitarios. 

       La financiación que continuamente se concede a partidos políticos, centrales sindicales y organizaciones empresariales sin que exista un control riguroso ni una auditoria en condiciones. 

       El engrosado aparato de la Administración, en cualquiera de sus vertientes y estilos, que carece de sentido común, estructura y lógica. 

       Ésta es una imagen bucólica y pastoril de un país que mientras se permite esta retahíla de aberraciones (y otras muchas más), a los sectores más desfavorecidos como discapacitados, desempleados, pensionistas, menores y demás se les golpea hasta extenuación con medidas absurdas, barriobajeras y humillantes.  Cuánta razón tenía Bertin Osborne cuando afirmó que éste era un país de golfos y chorizos. Suscribo, pero en letras mayúsculas. 

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