lunes, 23 de junio de 2014

Un día para la Historia… y para los gestos



El pasado jueves, como otros tantos miles –o millones- de españoles, estuve atento a toda la programación que, bien diseñada y ejecutada, emitió TVE en relación al acto de proclamación del Rey Felipe VI.
Sin duda, fue un día histórico. Como señaló Doña Pilar de Borbón, es un día para la alegría porque cuando se proclama un Rey es porque ha muerto otro. Sin embargo, en esta ocasión fue por una renuncia. Un dato a considerar.
Un día histórico porque no es lo normal que haya un relevo en la Jefatura del Estado todos los días. Muchos españoles no son conscientes del momento histórico que supone este hecho. En muchos casos, no llegarán a ver la proclamación de la futura Reina Leonor. Y en otros, tampoco asistieron a la proclamación del Rey Juan Carlos.
Además de este hecho histórico, que tiene su impronta y su valor, el de ayer fue un día de gesto. Fueron muchos los gestos que presenciamos en torno a la Familia Real. Gestos que ya comenzamos a ver en el Palacio Real el miércoles en el acto de firma de la Ley de Abdicación del Rey Juan Carlos al cederle Éste su puesto como Rey.
Fueron muchos los gestos de ayer y sería latoso comentarlos y enumerarlos todos. Pero a modo de resumen, sería necesaria una reflexión importante.  Estamos asistiendo a una bocanada de aire fresco y de renovación en la Jefatura del Estado, incluso en el protocolo…
En este momento recuerdo las palabras del Rey Juan Carlos cuando decía que envidiaba a los Reyes de otras cortes europeas porque como cualquier otro ciudadano, un domingo podían salir a pasear y comprar la prensa sin despliegues de seguridad y protocolo. Quizás el de ayer en la Familia Real fue un primer paso. Es evidente que en España se tardará muchos años hasta llegar a ese extremo (si acaso llegamos), pero los gestos entre los Reyes, de la Reina hacía sus hijas, del Rey hacía sus Padres, de la Reina hacía sus Suegros evidencian algo a considerar: Estamos iniciando un cambio generacional y de modos y costumbres. En este mundo, todo es susceptible de renovación. La Familia Real no escapa a esta realidad. Quizás está llegando el momento de que los españoles nos comencemos a acostumbrar a este tipo de actitudes, gestos por otro lado que resultan imprescindibles para que la Familia Real vuelva a tener ese carisma, ese calor y fervor populares que se perdieron en los últimos años, y que nunca debieron perder.
Al hilo del protocolo de ayer, sería higiénico que alguien le recordará al Presidente del Gobierno dos cuestiones: Por un lado, que los chaqué llevan botones. Marca el Protocolo que hay que llevarlo abrochado siempre. Insisto, siempre, máxime cuando recibes a la Familia del Rey a pie de coche o cuando asistes a una recepción institucional. Por otro, que alguien le recuerde que la representación de los españoles está en las Cortes Generales, en dónde reside la soberanía popular, en el Poder Legislativo, en cuyo corazón el Rey Felipe VI juro su cargo. Por tanto, los únicos que debieron ocupar el estrado presidencial eran la Familia del Rey, los Presidentes del Congreso y del Senado, y sus Mesa.
No pintaban allí nada los Presidentes del Gobierno, que debía ocupar su sitio en el banco azul, del Tribunal Constitucional,  del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal de Cuentas. El lugar de éstos últimos debió ser un lugar destacado como Altas Instituciones del Estado pero nunca el que ocuparon.
Lamentablemente ya nos empezamos a acostumbrar a estas manifiestas faltas de respeto y consideración e imposiciones. Llueve sobre mojado y no resulta ni ético, ni correcto. Por desgracia, es lo que pasa cuando las imposiciones vienen de la mano de incompetentes. La humanidad que demostró la Familia Real embadurnó estas meteduras de pata tan ególatras como vanidosas.

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