lunes, 7 de julio de 2014

De viaje y de Semana



Acabo de llegar de un viaje, de estos periplos que a nadie gustan y que te dejan un agrio sabor de boca.
Las eternas ocho horas de autovía me sirvieron para corroborar lo que ya sabía. Existen profesionales de las redes sociales que hacen su trabajo magníficamente bien y defienden la reputación online de sus clientes de forma impecable, mientras otros siguen embadurnados en la mugre más pura.
El viaje también me ha servido para cambiar impresiones acerca de la escenografía y demás pormenores en relación al acto de proclamación del Rey Felipe VI. Nada es porque sí. Y evidentemente todo en esta vida tiene su porqué aunque alguno intente proclamar un dogma de fe al respecto.
En Gijón ha empezado la Semana Negra. Los antiguos solares de la naval vuelven a respirar aires policiacos. Estos días he vuelto a ver caras conocidas, otras nuevas… Como siempre, alguna que otra madurita en busca de un revolcón fuera de casa, ese viejo con olor a sudor que pasea sin saber muy bien que busca, esa quinceañera con escote en el pezón que mira con cara de idiota a un grupo de escritores que en la entrada de la Carpa de Encuentros están poniendo a buen recaudo la política educativa de Wert, o ese grupo de senegaleses intentando encasquetar alguna que otra falsificación para subsistir en este país de pillos. El gaditano afincado en tierras de Cesar Augusto propone acudir a sidrería Pachu Antuña para cenar mientras no pierde de vista cierta autora germana, pero no se percata en esa canción… Cómo pasaron los años…  Este año se ha transformado en emérito. Casi está más tiempo en la Villa de Jovellanos que otrora Taibo.
Algo hay en el ambiente semanero que nos dice que en el horizonte se respira un cambio. No se sabe en qué dirección pero lo cierto es que se percibe una renovación. Falta hacía. Como todo, la Semana más larga del año en Gijón también necesita abrir sus ventanas y ventilar. Es una manera de subsistir.

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